3 opiniones en “Por la via muerta”

  1. Hay un problema. Hoy en Argentina ningún inversor privado, empezando por los argentinos, pero tampoco extranjeros, que YA saben QUÉ esperar de Argentina, pone un mango. A lo único que Macri puede aspirar es a esto (inversión de Estados, poniendo ELLOS todas las condiciones). Y gracias si al menos sirve -como los FF.CC. Ingleses- para incorporar productos argies a la exportación (y redistribuir población). Como en todos los casos anteriores, hay que asumir de qué tan abajo se parte (y no protestar después -por supuesto, sin haber cambiado nada- con aquello de que “eran tratos leoninos”). Argentina no sólo tendría que hacer un cambio ya imposible, sino además bancarse unos ¿30 añitos? sin rewards ni pamaditas en la espalda, para que el mundo -y los argentinos- se lo crean que cambió). It won’t happen.

    1. Hasta cierto punto comparto su pesimismo, pero sólo hasta cierto punto porque si no no me tomaría el trabajo de escribir estas notas (ni Ud el de comentarla, ya que estamos). Pero sí estoy convencido de que nada va a cambiar por sí solo, evolutiva y gradualmente. En algún momento tendremos que darnos cuenta de se necesita una acción positiva de nuestra parte: primero, cumpliendo y haciendo cumplir y exigiendo que se cumpla la ley a rajatabla, desde el detalle aparentemente más insignificante (como no estacionar donde no se debe, por ejemplo) y especialmente desde el detalle insignificante, hacia arriba, y segundo, una vez seguros de que respetamos las reglas del juego, proponiéndonos una epopeya de reconstrucción (como la que sugiere esta nota). Admito que es difícil que esas cosas se produzcan. La sociedad aprende o por experiencia, y experiencias las tuvimos todas y no aprendimos nada, o por magisterio (liderazgo), y clase dirigente no tenemos (ver nota de Marcos Novaro hoy en La Nación). El futuro entonces es un gran signo de pregunta, pero la historia muestra que nada está escrito en piedra ni dicha la última palabra. Gracias por su comentario.

      1. Gracias, por la respuesta! En efecto, veo que compartís mi pesimismo (así como la necesidad de aferrarse a la esperanza -que es por lo que escribimos y nos rompemos los cuernos-).

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