7 opiniones en “Políticos sin ideología”

  1. Sí, claro, pero la ideología no se manifiesta solamente con la palabra, ni mucho menos. Hay que observar la actitud y la dirección, los antecedentes y la tendencia. La palabra está muy devaluada, pero cuando la emplea una persona honesta se revalúa rápidamente, y si es una persona con visión (cosa rara) más todavía, cobra un valor inédito… Nosotros estamos saturados de vivos; hay gente que ya no sabe ni cuándo miente. La impregnación del populismo K genera toda clase de equívocos y falsos dilemas y las palabras no se refieren a nada más allá de señalar una posición: yo estoy acá y vos… ¡vos estás allá! Solo queda la fidelidad, la lealtad al propio grupo, que se define porque en tanto se opone a otro.
    Desnudado de relato (“ideología”), todo se está tornando muy elemental y primario. Vale la pena repasar el análisis que hizo Massuh (La libertad y la violencia, 1968) de la “ideología” a orillas del barranco.

      1. Muy bueno el artículo de Petrella. Complementa mucho a su propia nota. Esos gestores deben ser tipos bien despiertos y no les debe faltar “sentido de la oportunidad”, ni tampoco su propio relato del proceso histórico; pero están orientados por creencias y valores que trascienden su propia existencia; no pueden ser oportunistas, ambiciosos de poder y codiciosos de riqueza, como los maniáticos que nos gobiernan. Y faltan dos años largos ¿Qué pasará?

  2. Me gustó mucho el análisis. Me parece un punto de vista interesante, que suma bastante a la discusión planteada por las notas citadas. Eso es algo que me gusta de Sarlo (casi siempre, no siempre): cuando escribe, abre un debate interesante, más allá de las razones por las cuales lo hace, o si uno está de acuerdo o no. Esa capacidad de plantear temas con peso propio más allá del rumor de tribuna es otra cosa que desde hace mucho tiempo falta.
    Sobre la nota, yo creo que no se le puede pedir “coraje, convicción” a la mayoría de las fuerzas políticas de hoy en día, en casi todo el mundo. Eso es algo que cuando está, es porque ya era inherente del cuadro político en cuestión. Y con esto también quiero decir que es cuestión de tiempo a que aparezca algún espacio que pueda tener esas cualidades. Creo que este viraje de la imágen pública de los políticos vernáculos (de gobernar a gestionar, de ideología a valores) es consecuencia de la manipulación o el punto de vista que ciertos cuadros (sobre todo de derecha) han tenido sobre aquel “que se vayan todos” del 2001, y la virulencia ideológica kirchnerista. Es pasajero, espero.

    Gracias
    Jorge

    1. Gracias por su comentario. Me queda, sin embargo, esta pregunta: si un político no puede ofrecerme coraje y convicción, ¿por qué habría de darle mi voto? ¿cómo podría confiarle el manejo de la cosa pública?

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