4 opiniones en “La piedra del escándalo”

  1. Usted, al igual que Carrió, se ve en la necesidad de “re-trazar el retrato”, y lo hace con gruesos argumentos fundamentados. A modo de contrapeso. Alguno podrá sentirse tentado a pensar que este humilde y gris sitio perdido en la nube no tiene el menor efecto en la realidad. Es cierto que gaucho malo está en serias desventajas frente al Grupo Clarín, sin embargo usted me ha hecho pensar de otro modo. Yo nunca había dudado hasta el año pasado de la locura y la gordura de esta mujer. Ni de la maldad del superministro Cavallo. Los dos se han equivocado, cierto, pero no son los culpables de la desgracia nacional: sus rasgos tampoco son compartidos por la clase política en general, ni tienen gusto por atentar contra el orden democrático (no son golpistas). Estos rasgos son la honestidad (aunque no por eso deben mostrar todas las cartas), la inteligencia, la visión, y la coherencia. Carrió representa, para mí, la reencarnación de Catón el Viejo.

    Supongo que la gente no es tan frívola como parece, ni tampoco está tan informada del accionar de nuestros gobernantes. Sí es bastante descreída (y con razón) y, como todo traicionado, tiene a creer más en los que “roban pero hacen” que en los que parecen honestos. Porque “los que parecen honestos”, cuando traicionan, lastiman mucho más. Para mí que la gente no-puede-creer que Carrió diga la verdad cuando habla de “recuperar la República” y todo lo que este proceso constructor conlleva. Sin embargo el enorme fracaso del progresismo hipócrita hace añorar incluso al turco de los noventa y, con ello, abre la oportunidad para escuchar otra propuesta. Esto juega a favor de Carrió. Se notó en su protagonismo en el programa de Mirtha ayer (sé que esto puede sonar muy inocente de mi parte, pero el hartazgo generalizado ante la violencia que emana desde los tres poderes no lo es): la gente sueña con el pasado glorioso de la Nación, y ve cierta esperanza en personas como ella. Por esto Macri tiene tanta intención de voto a pesar de no contar con un partido decente o representar ni la transparencia ni el accionar liberal (tímidamente se define como “la centroderecha”).

    Weich dijo algo muy cierto: Lilita está sola. Mucha gente piensa que este es un simple “fin de ciclo”, un recambio de modelo como tantas veces ha vivido el país. Mi juventud me impide saber si es tan así: no importa cuánto lea de historia, hay que cosas que sólo se aprenden mediante la experiencia. Pero aventuro una sospecha: vienen por todo, de verdad, y esto se manifiesta en el hecho de que ningún opositor puede hasta ahora representar la voluntad de cambio y progreso a través del cargo de la presidencia. Muy grave. Si la estrategia de Carrió da resultado, deberá ser distinguida masiva y obligatoriamente por haber frenado la tiranía. Por mi parte, más allá del voto, y más allá de que no me interese militar por la CC-ARI, mientras Argentina exista me identificaré con las ideas que ella defiende, desde el discurso y el ejemplo.

    1. Si aprendiéramos a identificarnos con las ideas que las personas expresan, como usted dice, y no con las personas mismas habríamos dado un gran paso adelante como sociedad. Muchas gracias por su comentario.

  2. Carrió adoptó hace mucho – en 2004, creo – un punto de vista que parece extremo, pero no lo es:
    Los K ahora, son lo que siempre fueron: una garrapata, un parásito que, literalmente, “va por todo”. Eso, a la larga, es autocontradictorio, porque “ir por todo” sin reponer nada ni crear nada (porque los K, como parásitos que son, no “generan” nada de nada), es una manera de no vivir ni dejar vivir que acaba en la parálisis; y en eso estamos: se está trabando todo, se va a paralizar todo y el parásito no va a tener qué cosa parasitar… Pero, para ese momento (que no va a llegar) todo el país va a estar, literalmente, en bancarrota.
    Lo que Carrió está buscando (que se aclara muchísimo con sus notas, Santiago) es una estrategia amplia y generosa para sacarse de encima a la garrapata de la manera menos cruenta posible, es decir, mediante el voto… Si entre nosotros el voto no fuese obligatorio otra sería la cosa; no sería nada fácil contar con el voto cautivo. Pero no es así y las maneras de condicionar el voto (o de comprarlo, directamente) son muchas.
    Carrió, me parece, cree que los K – su núcleo, al menos – son irreversiblemente corruptos y su vocación parasitaria es inmodificable; por eso, con su gestión, proliferaron y crecieron exponencialmente todos los grupos parasitarios de la sociedad, entre ellos el más peligroso de todos: los narcotraficantes.
    Yo creo lo mismo; y me parece que los dirigentes opositores no están hablando claro y recto, porque son unos cuantos los que piensan lo mismo y representan – como Carrió – lo que usted resume como “la defensa de las libertades civiles y las instituciones republicanas, el honor de los gobernantes y la dignidad de los gobernados”.
    Carrió, cuando se siente despechada (no es la palabra adecuada, pero es descriptiva de su aspecto) reparte mazazos a diestra y siniestra con bastante injusticia; pero, al menos habla claro.
    Y eso tiene un enorme valor en un país adicto al eufemismo berreta.
    Quizás ella no esté en lo cierto, pero la oposición aún no lo demuestra.
    El problema de fondo es que es demasiada la gente que no puede razonar sobre estas cosas (por muchos motivos) y se deja llevar por impresiones, simpatías, antipatías, la opinión de su grupo de pertenencia, el temor de perder lo que tiene, etc.
    Carrió es muy atípica en nuestra sociedad. Pero lo deseable – para mí, al menos – no es que sea menos atípica, sino que haya más gente como ella…

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