La noticia del tratamiento de Juana Repetto me recordó esta nota. Estamos realmente mal de la cabeza si como sociedad financiamos los caprichos de esta mocosa.
Ante todo, Santiago, le deseo un muy buen 2016, y voto para que continúen sus editoriales y los complementos del sitio.
Yo firmé la solicitada.
Ahora me doy cuenta que lo hice un poco apresuradamente…
Podría haber hecho (podría haberlo hecho Piglia, o la mujer de Piglia) la cuenta que usted hizo y haber recurrido a las cadenas que se forman por mail y una cuenta bancaria…
Pero era más fácil presionar a la obra social, habida cuenta que sobre todas las obras sociales pesa una “sombra”…
Vaya a saber uno qué consejos habrá recibido Piglia de parte de amigos, abogados, su mujer, otros, ante el trance que está pasando.
Para someterse a un tratamiento aún no probado, el laboratorio norteamericano lo hubiese habilitado – posiblemente – gratis: tratándose de él, hubiese sido un foco propagandístico. Pero estoy especulando.
Como casi siempre, el problema está en creer mucho y saber poco; es decir, lo que Allport, en su genial investigación denominó un “prejuicio”.
En este caso un doble prejuicio: uno a favor de Piglia y uno en contra de Médicus. Pero con uno de los dos es suficiente: en mi caso el prejuicio a favor de Piglia.
De cualquier manera, aquí habría un problema ético real, muy humano, que vale la pena analizar como lo hizo usted, y no ficticio como los pseudoproblemas con los que nos entretuvo la Kleptocracia que reinó durante doce años.
Gracias por el comentario y el saludo. Me gustaría saber qué pasará en el futuro con los clientes de Medicus que necesiten tratamientos costosos y sean menos conocidos que Piglia.
La noticia del tratamiento de Juana Repetto me recordó esta nota. Estamos realmente mal de la cabeza si como sociedad financiamos los caprichos de esta mocosa.
Ante todo, Santiago, le deseo un muy buen 2016, y voto para que continúen sus editoriales y los complementos del sitio.
Yo firmé la solicitada.
Ahora me doy cuenta que lo hice un poco apresuradamente…
Podría haber hecho (podría haberlo hecho Piglia, o la mujer de Piglia) la cuenta que usted hizo y haber recurrido a las cadenas que se forman por mail y una cuenta bancaria…
Pero era más fácil presionar a la obra social, habida cuenta que sobre todas las obras sociales pesa una “sombra”…
Vaya a saber uno qué consejos habrá recibido Piglia de parte de amigos, abogados, su mujer, otros, ante el trance que está pasando.
Para someterse a un tratamiento aún no probado, el laboratorio norteamericano lo hubiese habilitado – posiblemente – gratis: tratándose de él, hubiese sido un foco propagandístico. Pero estoy especulando.
Como casi siempre, el problema está en creer mucho y saber poco; es decir, lo que Allport, en su genial investigación denominó un “prejuicio”.
En este caso un doble prejuicio: uno a favor de Piglia y uno en contra de Médicus. Pero con uno de los dos es suficiente: en mi caso el prejuicio a favor de Piglia.
De cualquier manera, aquí habría un problema ético real, muy humano, que vale la pena analizar como lo hizo usted, y no ficticio como los pseudoproblemas con los que nos entretuvo la Kleptocracia que reinó durante doce años.
Gracias por el comentario y el saludo. Me gustaría saber qué pasará en el futuro con los clientes de Medicus que necesiten tratamientos costosos y sean menos conocidos que Piglia.