El destinatario recibirá una copia de 'Un liderazgo para tiempos inciertos'.
7 opiniones en “Un liderazgo para tiempos inciertos”
Comentarios cerrados.
El sitio de Santiago González
El destinatario recibirá una copia de 'Un liderazgo para tiempos inciertos'.
Comentarios cerrados.
Coincido con la nota. Las cacerolas sirven para descomprimir el malestar de la gente, pero a su vez le sirve al gobierno: “Qué protesten todo lo que quieran”. De esa manera queda la ilusión de que se está logrando algo contra el gobierno, cuando en realidad, como no escuchan, no pasa absolutamente nada. Los que escuchan, pero no entienden, son los opositores. Saben que la gente está cansada y quiere otra cosa, pero no saben bien qué. Son meros oportunistas pero con recetas añejas. Toda la política argentina parece no entender que el mundo avanzó, que la sociedad avanzó, la tecnología avanzó y la gente quiere otras cosas. Hoy en día al común de la gente no le interesa armar revoluciones, le interesa vivir bien, tener esparcimiento, poder acceder a las comodidades de la vida moderna, cuidar el medio ambiente. Creo que es por eso que muchos jóvenes afines al gobierno toman sus banderas de lucha y sus argumentos, pero no pueden explicar en una charla qué es lo que defienden, porqué y qué país quieren. Están “luchando” una batalla de otra época con cuestiones que poco tienen que ver con la vida diaria.
El líder que necesita alguien en Argentina debe ser alguien que no huela a naftalina, que no huela a corredor de bolsa ni comerciante. Tiene que ser alguien carismático, claro y sincero en sus ideas y debe expresar un modelo de país a futuro claro que incluya los ingredientes que todos los argentinos tienen en común: Educación y Salud gratuitas de calidad, seguridad, trabajo, un buen sistema de premios y castigos. Con lo anterior se logra lo más preciado que es la capacidad de movilidad social y un horizonte de mejora para todos. La educación y salud garantizan las bases e igualdad de oportunidades de crecimiento personal para todos. Un buen sistema de premios y castigos deja en claro que hay que hacer las cosas bien, y que si se hacen así se obtiene un resultado mejor, dando esperanza y valor al esfuerzo. También tiene que emprolijar y ordenar la economía. Los cambios abruptos de reactivaciones chinas y crisis profundas de los últimos años responden a los intereses de unos pocos poderosos en hacerse con mucho dinero en poco tiempo. El común de la gente quiere vivir tranquila y avanzar, de a poco, pero avanzar. Y para ello se debe facilitar la creación y crecimiento de PyMEs, dando ventajas impositivas, créditos accesibles, etc.
Me fui un poco por las ramas, pero en definitiva el argentino quiere que le den la oportunidad de SER y no padecer.
Saludos!
Usted resumió con bastante claridad las modestas ambiciones del argentino medio, justamente esas que deberían servir de base a cualquier programa político. Por qué los dirigentes no logran traducir eso en un programa político simple, atractivo, de metas posibles y resultados comprobables, es algo incomprensible. Tenemos un país organizado en beneficio de los que manejan zigzagueando tratando de sacar ventaja, y en perjuicio de los que marchan por su carril, de los que –como usted dice–, “quieren vivir tranquilos y avanzar, de a poco, pero avanzar”. Gracias por compartir sus reflexiones.
Tal como usted afirma, el kirchnerismo está herido de muerte y por su propia mano (de puro brutos que son); pero, para decirlo dramáticamente, va a “morir matando”. Las manifestaciones son una manera de curarse en salud y no sabemos bien hasta donde calan en la mentalidad de la élite del poder, a la que usted denomina, desembozadamente, “mafia”… Llamar a las cosas por su nombre, en una era de neologismos y de eufemismos de pésima calidad (eufemismos no poéticos; eufemismos de estafadores, el “pensar doble” del que hablaba Orwell) se hace necesario. Error no es falsedad; es error y, una vez reconocido, se puede tratar de revertir. Pero, como caímos (sin quererlo, por deriva política; ¿quién puede desear algo así?) en las garras de gente inauténtica, que ha vivido toda la vida enmascarándose y disfrazándose (que no es lo mismo que el error); que entiende la política no como servicio sino como negocio; y al negocio como política (solo saben hacer negocios parasitando en el estado comunal, provincial y nacional y de ninguna otra manera); como caímos, decía, en manos… ¡mafiosas! (¡para qué darle vueltas al asunto!) que actúan invariablemente embarrando la cancha y haciendo trampa, ¡no tenemos códigos para reaccionar, y estamos en un estado de cuasi impotencia! Pura táctica, nada de estrategia. Y es desesperante porque, aunque ellos se caigan solos, van a tratar de arrastrarnos en su caída. En realidad, ya lo están haciendo…
Arrastran, por ejemplo, a tipos como ¡Feinmann! Feinmann está siendo castigado, asombrosamente, de una manera inédita: ha llegado a la coherencia absoluta. Ningún ser humano, por ser humano, es absolutamente coherente. Pero José Pablo F. sí: dice gansadas, tiene voz de ganso, tiene cara de ganso, cuerpo de ganso y movimientos de ganso. Y todo eso envuelto en un halo de autocomplacencia que fulgura. ¿No es asombroso el poder de seducción de los Kirchner? A los que nunca hemos sido seducidos ¿nos faltará algo?
Sus últimas notas, Santiago, calzan con la realidad política argentina como guante a la mano. Son para leer una y otra vez.
De su rico comentario me gustaría subrayar el momento en que usted habla de “gente inauténtica, que ha vivido toda la vida enmascarándose y disfrazándose” por contraste con la que humanamente se equivoca. Y en ese sentido, tal vez la coherencia de Feinmann sea la coherencia de la máscara, en el fondo una impostura. Gracias por visitar este sitio.
Yo hubiese subrayado lo mismo – la inautenticidad -, porque está en el meollo de todo este complicado, envejecido y turbio asunto que nos tiene enrredados. Pero no estoy seguro que los casos Feinmann, Forster, González y otros, se puedan comprender caracterizándolos como máscara e impostura. Eso pude estar bien para la pareja Kirchner, personalidades perversas pero no muy complejas. El caso de los intelectuales del régimen (fallido) es más complejo, y más fascinante, porque se instala en el corazón de algo deseado que no nace (por el contrario: aborta) ni termina de morir. Hasta ahora no pude acceder a ninguna interpretación que cale hondo. Y no me alcanza con las mías. Los intelectuales de fuste se oponen en el barrio desde veredas opuestas, pero ninguno le pisa el poncho al otro. Quizás hacen bien: esperan a que la evidencia se produzca sola.
Muy atento de su parte.
Por cierto, los intelectuales que Ud menciona no son iguales a los Kirchner, ni son iguales entre sí. Sin embargo, creo que en el fondo de sus motivaciones hay un denominador común (el resentimiento y la venganza por un antiguo agravio probablemente imaginario), y en la superficie de sus actos todos viven del estado y tienen a sus familiares directos viviendo del estado. En otros contextos históricos, en el fondo no muy diferentes, se habló de la traición de los intelectuales. He ahí un punto para debatir: ¿cuándo traiciona un intelectual?
Su interpretación se mete con la hondura (el resentimiento y la venganza por un antiguo agravio probablemente imaginario) pero señala la ambigüedad (en la superficie de sus actos todos viven del estado y tienen a sus familiares directos viviendo del estado). Una conducta muy, pero muy esquizoide. Sí, por ahí debe andar la cosa. Pero hay algo más que percibo en algunos conocidos: el orgullo. Aunque se dan cuenta de la impostura (por acumulación), han llevado tan lejos su actuación que ya no podrían retroceder en público.