2 opiniones en “Los enigmas de una muerte”

  1. Hay una teoría que insiste con que no hubo traffic con explosivos ni en la embajada, ni en la Amia. Según los que la defienden, los explosivos estaban dentro de los edificios y es – o hubiese sido, en su momento – demostrable.
    Esa lectura de los atentados habría sido reprimida por los servicios secretos de EEUU e Israel que necesitaban señalar a Irán como responsable y, de esa manera, escurrirse ellos del campo de visión.
    Según ese esquema, Nisman habría sido durante los muchos años que duró su investigación, poco menos que un ingenuo, un comprador de pescado podrido que le habrían vendido los servicios de USA e Israel.
    ¿Sencillo, no? El sábado 17 se habría dado cuenta (o alguien lo ayudó a darse cuenta) y, por vergüenza, pidió un arma prestada y se suicidó…
    Eso no concordaría, claro, con lo que usted registra en su nota, algo que el fiscal había afirmado en un reportaje: “Tengo a los iraníes reconociendo ser los autores del atentado”.
    Quizás el caso Nisman sea como el tapón que retiene el agua en la pileta. Y el tapón se descalzó…

    1. Efectivamente, algo parecía estar en ebullición en la conciencia del fiscal. Pero todavía es difícil decidir si esa agitación tenía que ver con su denuncia sobre la presidente o con la causa AMIA en la que trabajaba desde hacía diez años. Quién sabe si algún día se aclarará esto.

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