4 opiniones en “Elogio de la locura”

  1. La “locura” de Lilita, la única “loca de la casa” en la comunidad política (Cristina Fernández no es ninguna “loca”; es una “viva”, como su difunto esposo, que es bien distinto), es la que la condujo a proponer, a fines de los noventa (usted recordará en qué año) la ASIGNACIÓN UNIVERSAL POR HIJO, en la que fue – creo que inmediatamente – secundada por la CTA, la Iglesia Católica (su sector social, al menos, el ligado a Caritas). Cuando en 2008 logró que se tratase en las cámaras y estaba por ser aprobada como ley, la presidente “robó” la iniciativa (tal como fue caracterizado por usted el acto), la impuso por decreto y la imprimió en la opinión pública como iniciativa propia, cuando lo cierto es que ni siquiera se les había ocurrido como parte necesaria del maremágnum de subsidios… Su locura le costó (y le seguirá costando, probablemente) que no se la vea como presidenciable; pero nada más: su rol lo desempeña con abundancia.
    Pero la “locura” de Caballo es muy diferente: es la que le impidió reconocer, aun mínimamente, que la lectura económico-social y la prospectiva de Rodolfo Terragno, que se le enfrentó públicamente en 94 (¿94 ó 92?), exhibía una lógica rigurosa, tan rigurosa como la que Caballo pretendió – y pretende – tener en cada una de sus intervenciones… El narcisismo de Lilita apoya por detrás, o por abajo en sus iniciativas; el de Caballo, me parece, va por delante…

    1. Elisa Carrió presentó su proyecto sobre Ingreso Ciudadano a la Niñez en 1997, cuando todavía pertenecía al radicalismo. Su proyecto era efectivamente universal, y comprendía a todos los menores desde el cuarto mes de embarazo hasta los 18 años.

      Cavallo y Terragno debatieron en 1993 y nuevamente en 1995; lo hicieron honestamente y con respecto recíproco, y ese intercambio de ideas puede ser útil todavía: refleja las perspectivas de alguien que cree en una economía (mayormente) libre y alguien que cree en una economía (mayormente) dirigida. Seguramente, durante su gestión ministerial junto a Carlos Menem Cavallo cometió muchos errores; personalmente, creo que el mayor fue no haber reclamado con suficiente energía a su gobierno la instalación de una red de contención social para las muchas personas que iban a verse afectadas en el tránsito de una economía protegida, prebendaria y subsidiada a una economía libre y competitiva. La Convertibilidad fue la única institucionalidad que conoció el país desde el retorno de la democracia, ofreció oportunidades de ahorro y progreso a una población castigada durante décadas por la inflación, y obligó a las empresas a poner orden y rigor en su funcionamiento (personalmente, me tocó colaborar en el ordenamiento así forzado de una empresa periodística privada, donde el desorden administrativo disimulado por la inflación era tan grande que hasta ñoquis había en su plantilla). La economía pudo recuperarse rápidamente tras la crisis del 2001 gracias a las inversiones y la infraestructura creados en esos años (por algunos, ya que otros prefirieron vender sus empresas o viajar a Miami). Lamentablemente, todo lo conseguido en el período de la convertibilidad fue desperdiciado primero por el propio Menem en su afán reeleccionista, luego por las mafias económicas congregadas detrás de Duhalde, y finalmente por la satrapía que nos gobierna. Recuperarlo va a exigir sacrificios mucho mayores que los que implicó la convertibilidad de los 90.

      1. Le agradezco la respuesta; toda una respuesta, sin dudas, que merece relerse.
        En nuestro medio es muy difícil distinguir verdaderas diferencias entre personas.
        Cavallo salvó a Menem, con la convertibilidad, durante un tiempo, pero el riojano (que prometió “riojanizar al país”, y casi lo logra) no estaba a la altura de la circunstancia; y, con su egoísmo y su miopía (y su ignorancia), generó, otra vez, un barranca abajo. Sí, ahora pasa lo mismo, y estamos viendo el barranco…
        Es bueno y necesario que el gobernante tenga sentido de la oportunidad; pero el oportunismo es otra cosa y la serie de gobernantes que se anotan en la “tradición oportunista” es demasiado larga. Perón, que algún día habrá de dejar de ser visto como un genio, le imprimió, en los 50, una impronta duradera y un dinamismo incontenible.
        Cabe la esperanza de que se esté produciendo un agotamiento por exceso y se produzca una apertura a otras posibilidades. ¿Quién sabe?
        Creo que los debates Cavallo-Terragno merecen repasarse con comentarios pertinentes. En nuestro país, la palabra no se usa para debatir.
        Gracias, nuevamente.

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