La conmoción desarticula y conmueve todo por un momento, como un terremoto; por un momento que puede durar meses.
Es el momento ideal para los oportunistas sedientos de poder, de bienes y prestigio: un Menem, un Kirchner, Cristina Fernández, Chávez y Maduro, Alperovich y Manzur, Fernández, ahora, en la provincia de Bs. As, y tantísimos más…
Ellos – porque la vida social lo impone – se disfrazan de lo que convenga.
Tienen acesores, también, para elegir el disfraz. Después, una vez encaramados en el poder, ya es tarde: han sembrado una imagen a través de la palabra, los gestos, los medios, los acólitos, los simpatizantes, los “encantados”, los “enamorados”, los ingenuos, la compra de voluntades, la amenaza, la evocación del infierno, etc., tipo reacción en cadena: una ola que crece, una vez formada, hasta por inercia; y hasta que no pierde ímpetu, nadie y nada la detiene. ¡Al contrario, la oposición la estimula!
Se han prendido como una garrapata, y cuesta muchísimo (lo estamos viendo, y no sabemos cuánto va a costar) lograr que se desprendan con métodos incruentos; y, si se lo hiciera con métodos cruentos, todo empeoraría aún más, eso ya lo sabemos…
Pero nunca faltan los que se preguntan: ¿y, para qué? ¿No vendrán otros como ellos, aunque con otro disfraz, cuando se largen éstos?
Bueno, no, no necesariamente. La historia, en su dimensión futura (la más importante) siempre está más o menos abierta. Por eso es fundamental no saber como ha de ser el futuro.
Si es necesario, habrá que ir como los romanos, una vez por año, al templo de la Diosa Fortuna, el más grande de los templos de la Italia antigua.
La conmoción desarticula y conmueve todo por un momento, como un terremoto; por un momento que puede durar meses.
Es el momento ideal para los oportunistas sedientos de poder, de bienes y prestigio: un Menem, un Kirchner, Cristina Fernández, Chávez y Maduro, Alperovich y Manzur, Fernández, ahora, en la provincia de Bs. As, y tantísimos más…
Ellos – porque la vida social lo impone – se disfrazan de lo que convenga.
Tienen acesores, también, para elegir el disfraz. Después, una vez encaramados en el poder, ya es tarde: han sembrado una imagen a través de la palabra, los gestos, los medios, los acólitos, los simpatizantes, los “encantados”, los “enamorados”, los ingenuos, la compra de voluntades, la amenaza, la evocación del infierno, etc., tipo reacción en cadena: una ola que crece, una vez formada, hasta por inercia; y hasta que no pierde ímpetu, nadie y nada la detiene. ¡Al contrario, la oposición la estimula!
Se han prendido como una garrapata, y cuesta muchísimo (lo estamos viendo, y no sabemos cuánto va a costar) lograr que se desprendan con métodos incruentos; y, si se lo hiciera con métodos cruentos, todo empeoraría aún más, eso ya lo sabemos…
Pero nunca faltan los que se preguntan: ¿y, para qué? ¿No vendrán otros como ellos, aunque con otro disfraz, cuando se largen éstos?
Bueno, no, no necesariamente. La historia, en su dimensión futura (la más importante) siempre está más o menos abierta. Por eso es fundamental no saber como ha de ser el futuro.
Si es necesario, habrá que ir como los romanos, una vez por año, al templo de la Diosa Fortuna, el más grande de los templos de la Italia antigua.