En mi opinión, además del problema de creación de liderazgos está el problema de promoción de liderazgos. Los cargos en el país lo toman los amigos y no los más capaces (por experiencia, trayectoria o ideas, no solo por un simple título). De ahí vienen las improvisaciones, el despilfarro, los robos, las coimas, etc. La gente capaz, en este país, tiene dificultad para acceder a los puestos más importantes, y muchas veces la oportunidad de acceder a esos puestos está acompañada de desprestigio, o de tener que lidiar con cuestiones políticas, transas, traiciones y pactos que distan del oficio, profesión o experiencia real de la persona.
Existen personas capaces y líderes pero ninguna se siente inclinada a tomar los puestos de poder.
Es muy cierto lo que usted dice. Y muchas veces, esas gentes capaces, cuando acceden a posiciones de liderazgo, sienten que deben dedicar más tiempo a la politiquería de lidiar con los oportunistas que le disputan el cargo que a sus funciones, y terminan por abdicar y dedicarse a sus propios asuntos. Como sociedad, no estamos dispuestos a aceptar que hay algunos más capaces que otros, y a respetarlos y apoyarlos en su gestión.
El domingo se publicaron en La Nación los resultados de una encuesta que apunta a lo que ud. observa: el argentino se cree independiente del rumbo del país, confía en sí mismo y en su capacidad personal pero no así en sus instituciones o en su funcionamiento, en ese “tirar todos para el mismo lado” imprescindible para funcionar en equipo. La Argentina no se ve a sí misma como un equipo, faltan cohesión, unidad..y una visión clara de lo que somos y a dónde queremos llegar.
Todo remite siempre al problema central, que es la pobreza o directamente la ausencia de liderazgos, en todos los órdenes, no sólo en el político. El liderazgo es lo que genera esa cohesión y propone ese rumbo cuya ausencia usted señala. Por mezquindad, envidia, especulación o desidia el país carece de mecanismos institucionales de promoción de liderazgos, y esas funciones han quedado libradas a la acción de los aventureros o del tráfico de influencias. Gracias por su comentario.
En mi opinión, además del problema de creación de liderazgos está el problema de promoción de liderazgos. Los cargos en el país lo toman los amigos y no los más capaces (por experiencia, trayectoria o ideas, no solo por un simple título). De ahí vienen las improvisaciones, el despilfarro, los robos, las coimas, etc. La gente capaz, en este país, tiene dificultad para acceder a los puestos más importantes, y muchas veces la oportunidad de acceder a esos puestos está acompañada de desprestigio, o de tener que lidiar con cuestiones políticas, transas, traiciones y pactos que distan del oficio, profesión o experiencia real de la persona.
Existen personas capaces y líderes pero ninguna se siente inclinada a tomar los puestos de poder.
Es muy cierto lo que usted dice. Y muchas veces, esas gentes capaces, cuando acceden a posiciones de liderazgo, sienten que deben dedicar más tiempo a la politiquería de lidiar con los oportunistas que le disputan el cargo que a sus funciones, y terminan por abdicar y dedicarse a sus propios asuntos. Como sociedad, no estamos dispuestos a aceptar que hay algunos más capaces que otros, y a respetarlos y apoyarlos en su gestión.
El domingo se publicaron en La Nación los resultados de una encuesta que apunta a lo que ud. observa: el argentino se cree independiente del rumbo del país, confía en sí mismo y en su capacidad personal pero no así en sus instituciones o en su funcionamiento, en ese “tirar todos para el mismo lado” imprescindible para funcionar en equipo. La Argentina no se ve a sí misma como un equipo, faltan cohesión, unidad..y una visión clara de lo que somos y a dónde queremos llegar.
Todo remite siempre al problema central, que es la pobreza o directamente la ausencia de liderazgos, en todos los órdenes, no sólo en el político. El liderazgo es lo que genera esa cohesión y propone ese rumbo cuya ausencia usted señala. Por mezquindad, envidia, especulación o desidia el país carece de mecanismos institucionales de promoción de liderazgos, y esas funciones han quedado libradas a la acción de los aventureros o del tráfico de influencias. Gracias por su comentario.