Está claro, por las propias palabras de Larreta, que en un posible próximo mandato el Pro seguiría construyendo aliviadores para los arroyos entubados, 8 nuevos carriles para colectivos (suena exagerado llamarlos por su marca comercial), y los imprescindibles pasos a nivel. Hasta ahí, todo bien. Al menos se trata de objetivos palpables. En cuanto a la salud y la educación, sólo pedirán tres deseos para que mejoren, mientras arrojan unas monedas (unas cuantas) a la fuente del presupuesto. En cuanto a Recalde, me parece que Ud. ha sido demasiado benévolo: comenzó con chicanas, se pasó todo el debate escondiéndose debajo de la pollera de mamá Cristina (“hay dos modelos”, repitió hasta hartarnos a todos) y casi al final volvió con las chicanas a Lousteau, primero con la 125 y luego con supuestas críticas sobre su gestión en el Banco Provincia, que nunca enunció. Pero lo más lamentable, y que parece haber pasado inadvertido, fue el modo como se abrió de gambas ante las críticas al accionar de la Policía Federal, aludiendo a que sólo podía responder por la fuerza que “ellos” habían creado, la policía aeroportuaria. Y los argentinos haríamos bien en reflexionar sobre las palabras de Lousteau acerca de la salud pública: no podemos seguir ignorando las cuestiones que creemos que no nos afectan. A la larga se nos caen encima.
Coincido con su descripción, que refleja adecuadamente lo visto en el debate. En el caso de Recalde y Larreta, la evaluación que hace la nota tiene que ver con lo que se esperaba de ellos. Larreta no pudo defender la gestión del PRO, de la que él mismo fue parte durante ocho años, y Recalde, bueno, el solo hecho de ver a un kirchnerista en capacidad de mantener un diálogo civilizado ya es una grata sorpresa. Gracias por su comentario.
No lo ví todo porque no soporto bien la soberbia de Recalde, la insustancialidad de R. Larreta y los pullóveres de Lousteau. Pero creo que este último es el más interesante.
Con respecto a Larreta, está circulando un chiste que dice que “Larreta se retiró, o se enfermó hace tiempo; y lo sustituyeron con el imitador que aparecía en el programa de Lanata; total ¡es lo mismo!”.
Es evidente que el hombre, como especie y como forma, no puede sobrevivir sin elaborar un relato creíble. Siempre fue así y ahora no menos que antes. Así que la principal función de los analistas -intelectuales y periodistas- se basa, ante todo, en la crítica del discurso, del relato; sobre todo, del relato oficial.
Carta Abierta no desempeña esa función; para nada: han devenido en un grupito seleccionado de justificadores; y entre ellos, los líderes, cobran por hacerlo.
Por ese hacen falta sitios como el suyo.
Está claro, por las propias palabras de Larreta, que en un posible próximo mandato el Pro seguiría construyendo aliviadores para los arroyos entubados, 8 nuevos carriles para colectivos (suena exagerado llamarlos por su marca comercial), y los imprescindibles pasos a nivel. Hasta ahí, todo bien. Al menos se trata de objetivos palpables. En cuanto a la salud y la educación, sólo pedirán tres deseos para que mejoren, mientras arrojan unas monedas (unas cuantas) a la fuente del presupuesto. En cuanto a Recalde, me parece que Ud. ha sido demasiado benévolo: comenzó con chicanas, se pasó todo el debate escondiéndose debajo de la pollera de mamá Cristina (“hay dos modelos”, repitió hasta hartarnos a todos) y casi al final volvió con las chicanas a Lousteau, primero con la 125 y luego con supuestas críticas sobre su gestión en el Banco Provincia, que nunca enunció. Pero lo más lamentable, y que parece haber pasado inadvertido, fue el modo como se abrió de gambas ante las críticas al accionar de la Policía Federal, aludiendo a que sólo podía responder por la fuerza que “ellos” habían creado, la policía aeroportuaria. Y los argentinos haríamos bien en reflexionar sobre las palabras de Lousteau acerca de la salud pública: no podemos seguir ignorando las cuestiones que creemos que no nos afectan. A la larga se nos caen encima.
Coincido con su descripción, que refleja adecuadamente lo visto en el debate. En el caso de Recalde y Larreta, la evaluación que hace la nota tiene que ver con lo que se esperaba de ellos. Larreta no pudo defender la gestión del PRO, de la que él mismo fue parte durante ocho años, y Recalde, bueno, el solo hecho de ver a un kirchnerista en capacidad de mantener un diálogo civilizado ya es una grata sorpresa. Gracias por su comentario.
No lo ví todo porque no soporto bien la soberbia de Recalde, la insustancialidad de R. Larreta y los pullóveres de Lousteau. Pero creo que este último es el más interesante.
Con respecto a Larreta, está circulando un chiste que dice que “Larreta se retiró, o se enfermó hace tiempo; y lo sustituyeron con el imitador que aparecía en el programa de Lanata; total ¡es lo mismo!”.
Es evidente que el hombre, como especie y como forma, no puede sobrevivir sin elaborar un relato creíble. Siempre fue así y ahora no menos que antes. Así que la principal función de los analistas -intelectuales y periodistas- se basa, ante todo, en la crítica del discurso, del relato; sobre todo, del relato oficial.
Carta Abierta no desempeña esa función; para nada: han devenido en un grupito seleccionado de justificadores; y entre ellos, los líderes, cobran por hacerlo.
Por ese hacen falta sitios como el suyo.