Es bien probable que sea como usted dice. Francisco conoce el paño, porque él mismo pasó por ahí y debe saber cómo se pasa de una elección ganada al delirio de la eternización en el poder. Así que ejerce la piedad.
Él debe haber dejado muy atrás los sentimientos negativos: el resentimiento, el odio y la ira. Y sabrá que el actual gobierno no está preparando – en buenos términos, al menos; es decir, aceptando lo inevitable y dialogando – la transición. El verdadero “modelo” de lo que puede ocurrir en los meses que faltan es, me parece, el fin de Néstor Kirchner: desbarrancó, innecesariamente, de puro atolondrado, en una curva. Y hay unas cuantas curvas por delante, casi todas trazadas por el mismo gobierno. De ahí, entonces, el “cuidemos a Cristina”. Porque cada vez que la realidad se le presenta adversa entra en dilemas (como cualquiera) pero aquello que se le “ocurre” se fija de manera inamovible (como la infalibilidad de los papas hasta hace poco tiempo) y, encima, aprieta el acelerador.
Muchos se han dado cuenta de que no es una persona particularmente inteligente; es como sus discursos: no esclarecen a nadie; a lo sumo, nos esclarecen sobre su estado emocional, pero nada más. Podemos enterarnos, sin derecho a réplica, “por dónde viene la mano” y precavernos de las consecuencias. Hemos caído, por nuestros hábitos políticos, en una situación ridícula, absurda, y, sin embargo, muy humana. Y así nos ven desde afuera…
Vivimos, como usted dice, tiempos peligrosos.
Es bien probable que sea como usted dice. Francisco conoce el paño, porque él mismo pasó por ahí y debe saber cómo se pasa de una elección ganada al delirio de la eternización en el poder. Así que ejerce la piedad.
Él debe haber dejado muy atrás los sentimientos negativos: el resentimiento, el odio y la ira. Y sabrá que el actual gobierno no está preparando – en buenos términos, al menos; es decir, aceptando lo inevitable y dialogando – la transición. El verdadero “modelo” de lo que puede ocurrir en los meses que faltan es, me parece, el fin de Néstor Kirchner: desbarrancó, innecesariamente, de puro atolondrado, en una curva. Y hay unas cuantas curvas por delante, casi todas trazadas por el mismo gobierno. De ahí, entonces, el “cuidemos a Cristina”. Porque cada vez que la realidad se le presenta adversa entra en dilemas (como cualquiera) pero aquello que se le “ocurre” se fija de manera inamovible (como la infalibilidad de los papas hasta hace poco tiempo) y, encima, aprieta el acelerador.
Muchos se han dado cuenta de que no es una persona particularmente inteligente; es como sus discursos: no esclarecen a nadie; a lo sumo, nos esclarecen sobre su estado emocional, pero nada más. Podemos enterarnos, sin derecho a réplica, “por dónde viene la mano” y precavernos de las consecuencias. Hemos caído, por nuestros hábitos políticos, en una situación ridícula, absurda, y, sin embargo, muy humana. Y así nos ven desde afuera…
Vivimos, como usted dice, tiempos peligrosos.