Concuerdo razonablemente con su análisis. Me permito agregar, desde la convicción que afirma que el actual gobierno representa muy acabadamente el pragmatismo peronista, que, al igual que en 1950, es el momento en el que el liderazgo ejecutivo y partidario se volcará hacia una centroderecha muy grata a los inversores y grupos de poder, y que las ingenuas ilusiones de quienes aspiraban a una revolución social (jamás será otorgada de manos del peronismo) serán, por enésima vez, defraudados. Es posible que la calma, cuyos precios desconocemos pero podemos deducir (cese de las confrontaciones con grupos económicos, mayor apertura a inversiones externas, regularización de las relaciones internacionales) redunde en una mejor calidad de vida para el sufrido pueblo argentino, ajeno a los roces y las componendas del poder. Quien suscribe estas líneas se define como un marxista, pero de cuño clásico, ya extinto, y cuyo ceño se frunce ante la amplia confusión que la izquierda nacional (un oxímoron en sí mismo) padece en relación a su concepción del peronismo y la demonización del desarrollo capitalista, tan deseado por Marx como paso imprescindible para una distribución de la riqueza más equitativa. Si Madame Fernández es capaz de lograr un incipiente avance en ese campo, bienvenido sea éste. Muchas gracias.
Algunos días y varias cosas han pasado desde que se escribieron esta nota y su comentario. Me parece que el rumbo de Madame Fernández todavía sigue siendo objeto de estudio. Gracias por su comentario.
Estimado Sr. González:
Concuerdo razonablemente con su análisis. Me permito agregar, desde la convicción que afirma que el actual gobierno representa muy acabadamente el pragmatismo peronista, que, al igual que en 1950, es el momento en el que el liderazgo ejecutivo y partidario se volcará hacia una centroderecha muy grata a los inversores y grupos de poder, y que las ingenuas ilusiones de quienes aspiraban a una revolución social (jamás será otorgada de manos del peronismo) serán, por enésima vez, defraudados. Es posible que la calma, cuyos precios desconocemos pero podemos deducir (cese de las confrontaciones con grupos económicos, mayor apertura a inversiones externas, regularización de las relaciones internacionales) redunde en una mejor calidad de vida para el sufrido pueblo argentino, ajeno a los roces y las componendas del poder. Quien suscribe estas líneas se define como un marxista, pero de cuño clásico, ya extinto, y cuyo ceño se frunce ante la amplia confusión que la izquierda nacional (un oxímoron en sí mismo) padece en relación a su concepción del peronismo y la demonización del desarrollo capitalista, tan deseado por Marx como paso imprescindible para una distribución de la riqueza más equitativa. Si Madame Fernández es capaz de lograr un incipiente avance en ese campo, bienvenido sea éste. Muchas gracias.
Algunos días y varias cosas han pasado desde que se escribieron esta nota y su comentario. Me parece que el rumbo de Madame Fernández todavía sigue siendo objeto de estudio. Gracias por su comentario.