El destinatario recibirá una copia de 'Capitalismo sin capitalistas'.
5 opiniones en “Capitalismo sin capitalistas”
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El sitio de Santiago González
El destinatario recibirá una copia de 'Capitalismo sin capitalistas'.
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Recién leí su comentario sobre Lanata que me pareció lleno de temores excesivos. Pero ese artículo me condujo a éste, que no había leído.
Lo que usted afirma acá atraviesa todo el arco de sus análisis, pero nunca como ahora se había manifestado tan directamente. Debe ser porque la ocasión se abre a la consideración de este punto con urgencia y no se puede andar con vueltas. Un conocido que entiende mucho más que yo de este factor – el empresariado de un país – me dijo que el empresariado prebendario y especulador es una condición generalizada en América Latina. Y que la falta de reacción positiva en la presente oportunidad lo confirma. Su artículo es muy esclarecedor: ahí hay un déficit social que explica en buena medida buena parte de lo ocurrido en éstos años. Con cualquiera que hable “al pasar”, parece esperarlo todo del “Estado” y del Gobernante. Mejor dicho: del Gobernante, porque la mayoría no distingue Estado de Gobierno (administrador de turno) y esa mayoría está repartida entre todas las clases sociales, no solo entre los “ignorantes”: somos todos muy ignorantes. Estamos habituados a marchar a impulsos de un perro (o una perra) que nos ladre. Macri, por cierto, no es un perro ni ladra; ni apela a grandes relatos, gestas heroicas y diatribas brutales contra sus opositores llenas de palabras altisonantes y apocalípticas; y hay mucha gente entre nosotros que sufre un síndrome de abstinencia ante esa ausencia… Pero puede ser un catalítico para que caigan velos y se vaya desnudando una situación interna que siempre estuvo más o menos cubierta.
Su análisis desnuda una actitud que es una de las claves para entender qué nos pasa; o qué no nos pasa: porque da la impresión de que, en ese sector ¡no pasa nada!
Por definición, el empresariado prebendario necesita del Estado. Lo necesita como socio o como autoridad regulatoria que intervenga en el mercado para protegerlo de la competencia, para brindarle créditos “de fomento”, para garantizarle una clientela cautiva o cuasi cautiva (telefonía, por ejemplo), para permitirle el acceso a bienes públicos, etc. etc. Para eso necesita que la gente vote gobiernos de corte intervencionista y rechace toda opción de corte liberal. Para que la gente vote gobiernos de corte intervencionista hay que convencerla de que un gobierno de ese estilo va a actuar en su favor, y que un gobierno liberal va a actuar en su contra, o, en el mejor de los casos, la va a dejar en banda. El periodismo progresista (vale decir el 99 por ciento del periodismo argentino) ha cumplido esa función desde el regreso de la democracia, imponiendo, por actuar en forma corporativa (todos dicen lo mismo desde todos los medios), un discurso único que no admite matices. La Argentina corporativa y prebendaria no se concibe sin un periodismo corporativo y timorato. El periodismo progresista le ha mentido a la gente desde hace décadas y va a seguir haciéndolo en el futuro porque la Argentina corporativa y prebendaria es la que lo financia con sus avisos. El periodismo progresista distorsionó la realidad con relatos falsos (su especialidad es escandalizar a la opinión pública con los ladrones de gallinas, mientras otros se roban tranquilamente el gallinero), y llegó al colmo con la versión que dio sobre el golpe de estado del 2001, sus autores y sus motivos. Además de haber presentado bajo una luz positiva a los Kirchner (con Lanata a la cabeza), el periodismo progresista creó las condiciones mentales, ideológicas, para que la opinión pública los mantuviera doce años en el poder. Su republicanismo de último minuto fue un caso de travestismo impuesto por la necesidad política del momento, pero todo va a volver a su cauce perverso. El rearmado del equipo progresista conducido por Lanata es el primer indicio. Tal vez mis temores sean exagerados, pero llevo demasiados años viendo esta película, y bien desde dentro en su aspecto periodístico.
Le agradezco la respuesta tan extensa y tan precisa.
Es una lectura de nuestra realidad desde un punto de vista, y cualquiera no tiene un punto de vista; y es una advertencia semejante – aunque en otro contexto – a aquella memorable de Oriana Falacci a la pareja periodística de moda en los 70/80 (Neustadt/Grondona) cuando les dijo en la cara que “no hay dictadura sin periodismo adicto”. No hay, entonces, Estado Prebendario, sin aparato periodístico cómplice. Y los amigos de la prebenda, ya marcaron la cancha. Sutilmente, sin darnos cuenta, podemos deslizarnos en “lo mismo de siempre”: la misma matriz, el mismo aborto. Gracias nuevamente.
Muy cierto lo que comenta en la nota. Creo que la salida a esto, aunque lento, está en darle mucha facilidad a las PyMEs y a la creación de nuevas empresas. Existe mucha cantidad de gente con iniciativa y buenas ideas, pero que enfrentan las trabas constantes del estado y las sucesivas crisis.
Hace poco un informe indicaba que la Argentina es uno de los países con mayor cantidad de emprendimientos, pero también con la menor proporción de éxito.
Su comentario es muy acertado. Tendemos a hablar sólo de los grandes empresarios por el poder que tienen sobre el mercado, pero hay miles y miles de pequeños emprendedores que se las arreglan para mantenerse a flote 1) sin créditos, 2) abrumados por impuestos, trabas y controles del Estado, y 3) muchas veces sin conocimientos de administración. El Estado podría inducir una gran transformación haciéndose presente en los puntos 1 y 3, y desapareciendo en el 2. Gracias por compartir sus opiniones.