No viene mal la autocrítica en público. Todos tenemos que hacer ajustes, reestructuraciones y, en ocasiones, cambios drásticos. Pero es una práctica – así sea introspectiva o pública – muy, pero muy mal vista por el mundillo kirchnerista-cristinista. Todos ellos tienen, con distinta intensidad, una característica en común: necesitan un Jefe – o una Jefa – y, cuando lo tienen (no importa demasiado con qué métodos) lo hacen aumentar de escala hasta que su ego puede más que cualquier percepción; y una vez que toman una dirección, no cambian de rumbo no importa cuáles y cuántas evidencias de error (y de horror) se acumulen en su marcha.
Pierden sensibilidad, se rigidizan y no perciben, por ejemplo, que el “asesinato simbólico de Colón”, para poner en su lugar – mal emplazado, mal orientado, mal modelado y sin ninguna consideración paisajística o urbanística – que forma parte de la larga serie de “asesinatos simbólicos públicos” (como autos de fe de una nueva inquisición) a periodistas y personalidades políticas del presente y del pasado, manifiesta, en una sociedad que no toleraría otra forma de asesinato que no fuera la simbólica (y que tampoco tolera bien la forma simbólica), que los K traen en su interior un resentimiento y un nivel de violencia tal, que, de ser otros los tiempos y otros los filtros culturales, se manifestaría más directamente… En ese ambiente no hay espacio para la autocrítica, ni nada que se le parezca.
Cristina F., accedió a la presidencia de la mano del Jefe, Néstor, sin tener ninguna preparación técnica y moral. Y Néstor gobernó hasta un rato antes de morir torpemente. Desde entonces, Cristina necesitó una pareja política, preferentemente varón (Zannini, Verbitzky, Boudou, Kicillof). En este momento gobiernan en pareja Cristina y Kicillof, que es un muchacho con una enorme carga de soberbia, consecuentemente desprecio, y… violencia, mucha violencia. Pese a la “racionalidad” del camino de las humillaciones (Ciadi, YPF, Club de París, y otras), ante el reto de Griesa, Kicillof y Cristina han preferido (estoy especulando, pero en base a percepciones acumuladas durante años) dejar de lado esa construcción (¡tan humillante para ellos y tan vergonzosa para a sus atónitos y mudos secuaces!) por un conflicto que les permita recuperar protagonismo, dividiendo las aguas como hubiese recomendado Ernesto Laclau: “Patria o Buitres”, para ver, como diría un secuaz “quién es quién en la Argentina”.
Es el desvarío del viejo y nuevo revisionismo. Alguien como Pacho O´Donnell debe estar encantado con este artificio.
A otros, nos sorprende, nos descoloca, nos parece anacrónico, nos hace equivocar en la interpretación, porque no podemos creer que ese muerto ¡esté tan, pero tan vivo entre nosotros!
Gracias por su autocrítica.
No viene mal la autocrítica en público. Todos tenemos que hacer ajustes, reestructuraciones y, en ocasiones, cambios drásticos. Pero es una práctica – así sea introspectiva o pública – muy, pero muy mal vista por el mundillo kirchnerista-cristinista. Todos ellos tienen, con distinta intensidad, una característica en común: necesitan un Jefe – o una Jefa – y, cuando lo tienen (no importa demasiado con qué métodos) lo hacen aumentar de escala hasta que su ego puede más que cualquier percepción; y una vez que toman una dirección, no cambian de rumbo no importa cuáles y cuántas evidencias de error (y de horror) se acumulen en su marcha.
Pierden sensibilidad, se rigidizan y no perciben, por ejemplo, que el “asesinato simbólico de Colón”, para poner en su lugar – mal emplazado, mal orientado, mal modelado y sin ninguna consideración paisajística o urbanística – que forma parte de la larga serie de “asesinatos simbólicos públicos” (como autos de fe de una nueva inquisición) a periodistas y personalidades políticas del presente y del pasado, manifiesta, en una sociedad que no toleraría otra forma de asesinato que no fuera la simbólica (y que tampoco tolera bien la forma simbólica), que los K traen en su interior un resentimiento y un nivel de violencia tal, que, de ser otros los tiempos y otros los filtros culturales, se manifestaría más directamente… En ese ambiente no hay espacio para la autocrítica, ni nada que se le parezca.
Cristina F., accedió a la presidencia de la mano del Jefe, Néstor, sin tener ninguna preparación técnica y moral. Y Néstor gobernó hasta un rato antes de morir torpemente. Desde entonces, Cristina necesitó una pareja política, preferentemente varón (Zannini, Verbitzky, Boudou, Kicillof). En este momento gobiernan en pareja Cristina y Kicillof, que es un muchacho con una enorme carga de soberbia, consecuentemente desprecio, y… violencia, mucha violencia. Pese a la “racionalidad” del camino de las humillaciones (Ciadi, YPF, Club de París, y otras), ante el reto de Griesa, Kicillof y Cristina han preferido (estoy especulando, pero en base a percepciones acumuladas durante años) dejar de lado esa construcción (¡tan humillante para ellos y tan vergonzosa para a sus atónitos y mudos secuaces!) por un conflicto que les permita recuperar protagonismo, dividiendo las aguas como hubiese recomendado Ernesto Laclau: “Patria o Buitres”, para ver, como diría un secuaz “quién es quién en la Argentina”.
Es el desvarío del viejo y nuevo revisionismo. Alguien como Pacho O´Donnell debe estar encantado con este artificio.
A otros, nos sorprende, nos descoloca, nos parece anacrónico, nos hace equivocar en la interpretación, porque no podemos creer que ese muerto ¡esté tan, pero tan vivo entre nosotros!
Gracias por su autocrítica.