3 opiniones en “Otra vez la alegría viene de África”

  1. Occidente ha depositado concientemente e inconcientemente en el Estado los poderes de Dios. Cristo ha venido al mundo y al resucitar está presente y nos ha mostrado que el camino hacia la eternidad comienza aquí.
    Los hombres del mundo occidental, han perdido el imán de la brújula que los orienta a seguir el camino que nos conduce a la Vida Eterna.
    En el mundo africano, donde viví 6 años en 3 países y conocí otros tantos, debo decir que no me sorprende el crecimiento de nuestra Fe. Por las siguientes razones: la extraordinaria labor de las Misiones y la respuesta de los africanos ante le dedicación de los misioneros. La característica de estos pueblos es que poseen un intrínseco respeto por las jerarquías morales y etarias. En el mundo contemporáneo a Dios se le han quitado sus poderes, ocupando el lugar de un ídolo que atrae pasiones y que convoca a desorientados que son canalizados a través de líderes ideologizados. Ese es el espejo en el que se miran y que les proporciona en ese grupo de pertenencia, una cierta seguridad. No ven a mártires, ni a sacerdotes, ni a misioneros ni a tantos laicos que con sus testimonios nos muestran que Cristo a venido al mundo. La consustanciación con la naturaleza que es observada en silencio, se extiende y se traduce en el respeto y concentración durante la celebración de la Santa Misa por un pueblo atento y respetuoso. Actitudes que yo había dejado de ver desde mi infancia y que antes era observada hasta en los niños. Percibí un comportamiento que partía del corazón.
    Valga un ejemplo: cuando recibí hace unos meses la sorpresa del video desde Arusha, Tanzania – pueblo donde viví 2 años y medio, desde 1974 a fines de 1976 – en una procesión con la estatua del cura Brochero, donde se trasuntaba una actitud de participación comunitaria de alegría y reverencia que solo se da cuando se está consustanciado con el significado profundo de lo que representa y se siente.
    En esos años en Tanzania gobernaba Julius Nierere – hace años en proceso de beatificación- persona de Misa y Comunión diaria que hacía la fila para comulgar como cualquier otro fiel, justamente en África donde a los mayores se les brinda un primer lugar.
    Hoy vemos en Occidente que ni siquiera la Santa Misa es vivida como una necesidad del alma, o es una costumbre, o un rito o una obligación, no un encuentro personal con Jesucristo.

  2. Es hora que nosotros, los occidentales que tanto contribuimos en su momento a la difusión del Cristianismo, volvamos a mirarnos a nosotros mismos como objetivo de Misión.

  3. Magnífico! Para Occidente, cuna de la civilización greco-cristiana, La “brújula descontrolada” a partir del Concilio Vaticano II que citó el autor de este ensayo, es la metáfora mejor imaginada.

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