7 opiniones en ““Cristina es un don del Nilo””

  1. He vuelto a leer su diálogo con un personaje no demasiado ficticio.
    En su momento se lo dí a leer a un conocido no muy diferente a Don Tonito que se ofendió con lo que leyó. No le cabía otra que ofenderse, porque en ese momento – 2010 – estaba deslumbrado con su reina…
    Muchos estaban deslumbrados. Yo le expliqué que los seres humanos tenemos conciencia e inconsciente; que siempre están juntos, como el Bien y el Mal en todo lo que hacemos, amigados o peleados; y que muchas veces, el inconsciente sabe lo que la consciencia niega. Y que eso era lo que le pasaba, posiblemente, a él, y, seguramente, a C. Fernández.
    Pero no hubo caso. Ahora está recapacitando ante el emerger, inexorable, de la pirámide que sí construyeron los K, si a eso se le puede llamar construir: la pirámide de la corrupción.
    Todos los signos de la vacuidad de la pareja estaban a la vista: el mausoleo de Néstor es…un enorme Cubo, una forma absurda, innecesaria y ridícula en el entorno patagónico, pero que es una metáfora, inconscientemente acertada, de lo que fue en términos humanos de espíritu y creatividad, Néstor Kirchner: un cubo. La estatua de Juana Azurduy, un amontonamiento piramidal de materia mal modelada y mal trabajada en franco deterioro, anclada sobre una absurda pirámide escalonada color caca (como no la hubiesen diseñado, ni con los ojos pinchados, ni Himhotep, ni un arquitecto maya o teotihuacano) es una metáfora acertada de C. Fernández. Las “estatuas” de Néstor son, en correspondencia con el homenajeado, adefesios. Y hay muchos signos más, como el edificio – de arquitecto desconocido, que bien hace en mantenerse oculto – presentado como un símbolo de la Nueva Argentina, por la arquitecta egipcia… La comedia K se termina con una implosión que es, al mismo tiempo, una apoteosis del ridículo. Somos, mirados desde la distancia, un país disfuncional plagado de delirantes berreta, vacíos, sin una modesta idea, que para llenar su vacío echan mano de cualquier ocurrencia y la elevan al nivel de una creación.
    Su análisis de la que se promocionó poco menos que como una divinidad es exacto, incluso impiadoso, clínico; una pieza de humor revelador, el humor que desnuda.

    1. Seguramente alguien hará muy pronto un análisis de la iconografía K, incluidos los monumentos que Ud. menciona. Como anticipan sus propias observaciones, podría ser motivo de ricas interpretaciones.

      1. Seguramente va a ser así; es necesario.
        Agrego algo más: el concepto de “monumento” es muy amplio y se refiere, en última instacia, a aquella construcción – sea lo que sea y cualquiera sea el material empleado – “que es lo mejor que un grupo, una comunidad o un régimen político fue capaz de realizar y que, por eso mismo, es lo que mejor lo representa” (la definición es mía). Los monumentos arquitectónicos con los que soñaba Hitler, el nuevo eje monumental de Berlín por ejemplo, con su culminación en una cúpula diseñada por él mismo (otro “gran arquitecto” poseído por el espíritu de Imhotep) – una construcción megalomaníaca que apenas se hubiese podido sostener a sí misma, sin tener en cuenta lo absurdo de su tamaño y la disfuncionalidad de su presencia -, no se llegaron a construir; y, si se hubiesen construído, no hubiesen representado al alma del régimen como sí la representa, en cambio, el auténtico monumento que supo construir el régimen nazi: los Lager y el Exterminio. Quedan innumerables restos, marcas, registros y vestigios de ese, “su” auténtico monumento, su “obra de arte”. Digo ésto último sin ironía: cada grupo elabora su arte.
        Los vanos intentos de autoengrandecimiento de la pareja gobernante por parte de C. Fernández observables en superficie, no son mas que simulaciones para distraer al lado del monumento oculto que está emergiendo inexorablemente a superficie, que nos hace sospechar que, despues de todo, C. Fernández no estaba tan lejos de Imhotep: porque lo que está emergiendo es una colosal pirámide de corrupción. Es probable que debamos organizar una CONADEP para que emerja del todo, porque con los jueces no alcanza. Y se trata de otro caso de “desaparición”: desaparición en los bolsillos de una élite muy pequeña de buena parte de los dineros públicos ganados por los argentinos durante 12 años, y de todo lo que significaban en términos de inversión: infraestructura, energía, bienes y servicios; pero también de inocencia sacrificada (la de la juventud K, por ejemplo) en aras…¿en aras de qué? ¿De quiénes? ¿Para qué? De hombres (y mujeres) de paja, huecos, como diría Eliot.

  2. Estimado señor Stgo. Gonzalez:
    He leído su artículo ‘Cristina un don del Nilo’. Entretenido, bien escrito. Precisamente, porque usted usa un vocabulario de respeto, que lamentablemente se va perdiendo, Su artículo no es ni agresivo ni insultante. Cualquier persona bien intencionada puede reírse y mucho como lo hice yo. El humor para exponer diferencias y/o similitudes es muy sano. Por otra parte este artículo tiene datos que hablan sobre características importantes de la cultura a la que no escapan los habitantes de Argentina. Estos datos me sirven para entender una vez más a sus habitates, no para juzgarlos. Entender, no significa estar de acuerdo, al menos para mí.
    Betty Gomeza

    1. Me gustó su frase: “Entender no significa estar de acuerdo”. Tendemos a lanzarnos contra una opinión que nos parece contraria a la nuestra antes de dedicarle siquiera un par de minutos para tratar comprenderla. Le agradezco el comentario, y me alegra que con él haya pasado un momento amable. Este sitio, aún con sus críticas, trata de ser constructivo y con insultos y agresiones, como usted dice, no se construye nada. Esto los argentinos ya debiéramos haberlo aprendido.

  3. ¡Muy bueno! Lo felicito, Santiago, y también a su amigo Tonito por la investigación realizada. Por tirada de los pelos que pueda parecer, ¡responde a más de un interrogante!

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