Dos lecciones sobre el carácter

Reuní aquí un par de textos que son otras tantas lecciones sobre el carácter, y que sirven para ilustrar el sentido de la palabra tal como es usada en la nota que acompañan. El primero es If… el conocido poema de Rudyard Kipling, santo y seña de las virtudes de la Inglaterra victoriana: estoicismo, disciplina y dientes apretados, propuestos a un joven por alguien de mayor experiencia. El poema aleccionó a generaciones de ingleses, enmarcado y colgado en la sala de estar. El segundo es la letra escrita por Paul Anka para una canción francesa, un himno a la masculinidad entonado desde el orgullo de un hombre que pasa revista a su vida, consciente de no haberse traicionado. Curiosamente, o no tanto, My way es la canción preferida por los ingleses para acompañar sus funerales.

Si…

Si podés conservar la calma cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si podés confiar en vos cuando los demás dudan,
y admitís sin embargo su derecho a dudar;
si podés esperar sin cansarte de la espera
o, si te mienten, no recurrís a la mentira,
o, si te odian, no das lugar al odio,
y aún así no te la das de muy bueno ni muy sabio;

si podés soñar sin dejar que los sueños te dominen;
si podés pensar sin que el pensamiento sea tu objetivo;
si podés enfrentarte al triunfo o a desastre
y tratar a esos dos impostores de igual modo;
si podés soportar oir la verdad que has dicho
retorcida por villanos para engañar a necios,
o ver en ruinas eso por lo que diste la vida,
y pararte a repararlo con herramientas viejas;

si podés hacer un montón con tus ganancias
y apostarlas todas a una sola carta,
y perder, y volver a empezar desde el principio
sin nunca decir ni mu sobre la pérdida;
si podés forzar tu corazón, tus nervios, tus tendones
para que te respondan aún cuando agotados,
y resistir así cuando ya nada quede
sino la Voluntad que les dice “¡Resistan!”;

si podés hablar a las masas sin perder la virtud,
o moverte entre reyes sin perder tu lugar;
si ni los enemigos ni los buenos amigos te pueden causar daño;
si todos saben que pueden contar contigo, pero no demasiado;
si podés llenar ese minuto inexorable
con sesenta segundos de camino valioso,
tuya será la Tierra y todo cuanto hay en ella,
y, más aún, mi hijo, habrás de ser un Hombre.

Rudyard Kipling

A mi manera

Y ahora que el final está ya cerca
y el telón va a caer por vez postrera,
voy a hablar claro, amigo mío,
a defender mi caso con certeza.

Viví una vida plena, recorrí
todos y cada uno de los caminos,
y mucho más que eso,
lo hice a mi manera.

Me arrepentí de algunas cosas
que ni vale la pena mencionar.
Hice lo que tenía que hacer,
siempre a conciencia.

En cada ruta seguí un plan,
en cada paso cuidadoso,
y mucho más que eso,
lo hice a mi manera.

Ya sé que hubo momentos, que todos me recuerdan,
cuando quise abarcar más de la cuenta.
Pero siempre, cuando las cosas se pusieron feas,
me tragué las consecuencias, y me libré de ellas.
A todo le hice frente, y me mantuve erguido,
y lo hice a mi manera.

Creo que lo hice todo
–permítanme decirlo sin rubores,
si no no sería yo–,
a mi manera.

Porque ¿qué es un hombre? ¿De qué es dueño?
Más que a sí mismo, no tiene nada.
Decir las cosas que de verdad él siente,
y no las del que vive de rodillas.
La historia muestra que me aguanté los golpes,
¡y lo hice a mi manera!

Paul Anka