Por Bernardino Montejano *
Una declaración titulada Prohibido visitar a los cautivos, de la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia, tiene un capitel evangélico: “venid aquí, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino… porque estaba en la cárcel y me visitasteis” (Mateo, 25, 34-36). En la misma se enumeran las obras de misericordia corporales, dos de las cuales se refieren a las visitas: a los enfermos y a los presos.
Hace pocos días, seis diputados visitaron a tres condenados por delitos de lesa humanidad en “juicios que constituyen una farsa y también una infamia deliberadamente planificadas, que se hicieron posibles… por el gigantesco y serial prevaricato en que incurrieron, con muy pocas excepciones, jueces y funcionarios judiciales en todas las instancias”.
Lo mismo denunció en reiteradas oportunidades el Instituto de Filosofía Práctica. En una declaración titulada ¿Justicia o venganza? del 30 de diciembre de 2008 criticábamos a nuestra Corte Suprema de Justicia por violar o desconocer los principios non bis in idem, de legalidad, de cosa juzgada, de igualdad ante la ley, de congruencia: “asistimos a juicios públicos conducidos por jueces prevaricadores, que convierten sus juzgados en remedos de tribunales revolucionarios, donde una plebe debidamente organizada grita sus consignas ideológicas e insulta y amenaza a acusados y testigos de la defensa.”
“No se trata aquí de la culpabilidad o inocencia de dichos acusados sino de algo mucho más trascendente; se trata de un retroceso cultural grotesco, tal vez sin parangón en la historia de Occidente, porque en la Argentina, al cabo de siglos de derecho romano y principios cristianos hemos tomado la decisión de sustituir la justicia por la venganza.” (En 12 años de declaraciones que no necesitan aclaraciones, Infip, Buenos Aires, 2017, p. 66). En otra declaración titulada Acerca de la impunidad y la crueldad señalamos que “mientras en el ámbito de la Bonafini y sus secuaces, reina la impunidad, aparece hoy en la Argentina una crueldad nunca vista a lo largo de nuestra historia”.
Y al hablar de la última, nos referimos “a las condiciones en las cuales se encuentran alrededor de dos mil detenidos militares y de las fuerzas se seguridad. Sobre ellos no ha caído la espada de la justicia, sino la peor de las venganzas. El modelo son las cárceles comunistas soviéticas o cubanas, o algún otro país víctima de ese ‘paraíso terrestre’, anunciado por Marx, y realizado como un anticipo del infierno. A los prisioneros no se los mata, sino se los deja morir. Se los humilla, se los desprecia, se los trata con sevicia, que es el propósito deliberado de hacer sufrir”. Y aludimos finalmente a “la raíz de la crueldad que se debe a la eliminación en la mente y el corazón. de los hombres de todo rasgo de humanidad y de cristianismo” (12 años… cit. págs. 137/8).
Finalmente, en otra declaración titulada Acerca de los últimos, del 15 de diciembre de 2015 destacamos la existencia en la Argentina de hoy de “nuevos últimos, leprosos, que reciben un trato inhumano en cárceles convertidas en campos de concentración; nuestros detenidos que son asesinados por la aplicación de una pena de muerte encubierta, cobarde, resultado de la falta de asistencia médica, de traslados inhumanos, de humillaciones y violencias sin fin… Ellos no tienen derecho a nada, son nuevos muertos civiles, no pueden estudiar ni asistir a matrimonios ni a funerales de sus parientes inmediatos.
“Ellos son víctimas de una política de Estado, proclamada por Ricardo Lorenzetti, que demuele uno por uno los pilares de la seguridad jurídica, llevada a cabo por jueces como Carlos Rozanski quien priva de detención domiciliaria a un almirante de 92 años y a un coronel de 88, con el pretexto de que pueden fugarse.”
Pero lo peor es la actitud de la Iglesia jerárquica, que ha roto con una venerable tradición: asistir y acompañar espiritualmente a todo preso, incluidos los peores delincuentes. Junto al patíbulo, rezando por el condenado se encontraba el sacerdote y así a lo largo de la historia, encontramos conversiones de la hora última, que imitan a la del buen ladrón crucificado.
En esta declaración repudiamos la visita del ministro de Justicia, Germán Garavano a la ex Esma, su saludo a la presidente de las Abuelas de Plaza de Mayo, doctora honoris causa de la Universidad Católica de Córdoba y sus palabras: “ratificar el compromiso del actual gobierno para mantener viva la memoria u mostrar su proyección al futuro”, que acreditan que con Macri la infamia continuaba sin pausa (12 años…, págs. 273/276).
Hoy, asistimos a la hipócrita convocatoria obispal a la amistad y fraternidad social, en un país sin la base necesaria que es la justicia. Pero lo más indignante es la actitud del papa Francisco que mientras modifica el Catecismo de la Iglesia Católica para condenar a la pena de muerte, mira para otro lado, se hace el otario y se convierte en cómplice de injustas penas de muerte por izquierda vigentes hoy en su patria.
Volvamos a la declaración de Justicia y Concordia acerca de la visita de los diputados a los presos, por la reacción que ha provocado, que “muestra que a la cáfila de los derecho-humanistas les importa un ardite la verdad, el derecho, la justicia, el orden, la libertad y el bien común”.
“¡Y qué decir de mostrarse por lo menos misericordioso! Si no quieren misericordia con los presos, mucho menos querrán justicia y concordia”.
“Se advierte pues, con nitidez y al mismo tiempo, tanto la vileza de esta jauría de derecho-humanistas, cuanto al trasfondo de este tan ficticio como ruin escándalo. Porque lo que han puesto en evidencia es el real significado de la llamada y cacareada política de derechos humanos. Lo que pretenden es despojarnos de nuestras creencias, de nuestra fe, de nuestras virtudes, de nuestros afectos, de la capacidad que todavía nos queda de saber distinguir entre lo bueno y lo malo y de saber ayudar y también perdonar. En fin, lo que realmente quieren y para lo cual trabajan es que dejemos de ser verdaderamente humanos; ellos quisieran convertirnos en bestias”.
Gracias a Carlos Bosch y a Alberto Solanet por esta declaración, pero más allá, por la obra que realizan a favor de los nuevos últimos. Sin embargo, una puntualización respecto a las bestias que hacemos por ser aristotélicos: el “maestro de los que saben” al decir de Dante, nos enseña que el hombre es el mejor de los animales, pero divorciado de la razón, de la ley y de la justicia, es el peor de todos ellos. En conclusión, el hombre malo, es peor que la bestia. Esto abarca a los perversos derecho-humanistas.
* Presidente del Instituto de Filosofía del Colegio de Escribanos y del Instituto de Filosofía Práctica.