Privándolos de ingresos que alcancen a cubrir su necesidades básicas, recortándoles el acceso a los medicamentos y la vivienda, descuidando o eliminando sus lugares de reunión y entretenimiento, el gobierno libertario se desentiende de los ancianos, reprime sus protestas y los libra a su suerte. Pero al tomar deuda en cantidades que no pueden pagarse sin sacrificios inimaginables el gobierno libertario también se desentiende de los jóvenes, a quienes arroja a un mundo cuyas demandas serán mucho más duras e impiadosas que las del actual. El gobierno libertario representa así el triunfo del egoísmo individualista, que cree no deber nada a nadie ni tener obligaciones respecto de nadie, absorto en su puro presente, incapaz de recordar y de proyectar. –S.G.