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Mafias

Desde hace casi cinco años este sitio viene insistiendo en la noción de que una mafia político-económico-sindical se apoderó del país. En su primer programa del año, el periodista Jorge Lanata mostró un pequeño fragmento, un costado, de una de las familias mafiosas que operan en la Argentina, organizada en torno del ex presidente Néstor Kirchner. En relación con las expectativas creadas antes de su puesta en el aire, el programa tuvo sabor a poco, y en definitiva no dijo gran cosa que no se supiera ya, principalmente a partir de unos artículos del escritor Jorge Asís publicados hace unos dos años. Pero tuvo la virtud de poner en pantalla, de mostrar para los incrédulos, a un par de agentes menores, con distintos grados de complicidad pero con parejos agravios, hablando con abierto desenfado sobre algunos de los trabajos que habían realizado para la familia, lavando dinero y sacándolo del país. La familia no se agota sin embargo en Lázaro Báez, el empresario de la construcción santacruceño tantas veces mencionado en el programa de Lanata; hay otros nombres asociados a la familia presidencial, y numerosos episodios que van desde los desaparecidos fondos de Santa Cruz a las valijas venezolanas del enigmático Guido Antonini Wilson pasando por los fondos de campaña aportados por los tres muchachos cuyos cadáveres aparecieron en General Rodríguez. A este panorama, hay que sumar sin duda las actividades de algunos allegados a la familia como el vicepresidente Amado Boudou y su participación en el llamado “caso Ciccone” o el clan tucumano de los Alperovich, que logró poner la provincia a su servicio. Pero nadie debe llamarse a engaño y creer que toda la mafia en la Argentina se identifica con la letra K. La letra K sólo distingue a una de las familias. Hay otras. Hay varias. Empezaron a operar en los años de la dictadura militar iniciada en 1976, cuando las instituciones del país, y su vida pública en general, comenzaron a degradarse sin remedio. Desde entonces, la historia argentina ha sido poco más que la historia de las relaciones de poder entre las familias mafiosas, sus ascensos y descensos, el cambiante elenco de los “dueños de la Argentina”.  El grupo Clarín, por ejemplo, desde cuya plataforma Lanata desnudó el tobillo de la familia K, pertenece a otra familia mafiosa, la que produjo el golpe del 2001 y la pesificación asimétrica, un robo escandaloso a todos los ciudadanos en beneficio de un puñado de intereses económicos y financieros. Estas mafias no podrían operar sin complicidades políticas y sindicales, y por eso partidos y sindicatos son hoy estructuras muertas, sin participación de sus bases. La lectura atenta de las páginas económicas de los diarios –el fluir de los negocios y el cambio de manos de las grandes fortunas–, dice mucho más sobre el devenir del país que las agitadas discusiones en el vacío de los políticos y los comentaristas políticos. Esta semana la ciudadanía saldrá masivamente a las calles para pronunciarse contra la familia K, en una marcha que probablemente sellará su suerte. Mientras tanto, discretamente, las otras familias ya están preparando el candidato que esa misma ciudadanía habrá de votar esperanzada en el 2015, que les asegurará la continuidad de los negocios, y que será debidamente instalado en el aprecio popular por los medios de comunicación. Esto es lo que viene ocurriendo desde el retorno de la democracia, y no hay razones a la vista para pensar que habrá de dejar de ocurrir.

–S.G.