El dirigente cordobés José Manuel de la Sota consiguió lo impensable: que una provincia históricamente radical y antiperonista haya votado ininterrumpidamente gobernadores peronistas desde que él mismo accediera por primera vez al cargo en 1999, y lo haya hecho incluso cuando en 2015 le brindó un apoyo crucial a Mauricio Macri en la competencia por la presidencia de la Nación.
Ese logro puede servir de indicio sobre sus cualidades como político: la perseverancia, la capacidad de diálogo, la mirada amplia. Que se sumaban a sus cualidades humanas: la cordialidad, el don de gentes, la inteligencia, el conocimiento, el humor, la astucia, la picardía. Y que se potenciaban, todas, gracias a una vitalidad arrolladora. Le decían “gallego”, pero era más cordobés que la peperina.
Perseverancia: tres veces fue derrotado en su búsqueda de la gobernación cordobesa, y con dificultades logró los apoyos para el intento que condujo al primero de sus tres mandatos. Capacidad de diálogo: jamás tuvo una palabra dura en contra de nadie, sabía llegarle al interlocutor más reticente, su sonrisa y su mano franca supieron tender puentes donde sólo parecía haber abismos. Mirada amplia: desde su declarada y sostenida convicción socialcristiana y justicialista, y desde su condición de líder provincial, nunca perdió de vista lo que creía era el mejor interés nacional.
Pero sobre todo la vitalidad. Su muerte en un inexplicable accidente de tránsito cancela una vida que atravesaba su mejor momento y lo dejaba ver sin rubores, en el ejercicio de la docencia en la Complutense de Madrid, en el lanzamiento de un disco para dar cauce al gusto por la balada romántica, en la creación y el modelado de la propia marca de ropa, y en la tenaz, cuidadosa persecución de la ambición mayor: presidir la Argentina.
Ya lo había intentado en el 2015, cuando se presentó a una interna con Sergio Massa en el frente UNA y perdió. Ahora soñaba con una nueva oportunidad, sabía que tenía que hacerse más conocido en el área metropolitana de Buenos Aires y para ello preparaba un programa sobre cuestiones de actualidad que se iba a difundir por Crónica TV.
De la Sota decía que quería cumplir un solo mandato, y ser el presidente de transición que encarrilara al país para su demorado ingreso al siglo XXI. Pero eso ya no va a poder ser: el peronismo perdió a uno de sus mejores dirigentes, capaz de combinar, como dijo Julio Bárbaro, la pasión con la racionalidad, y la Argentina a un político de cualidades tan poco frecuentes como extremadamente necesarias. –S.G.