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Irracionalidad nihilista

Allí donde este sitio sólo ve un despliegue de irracionalidad nihilista, la mayoría de los comentaristas políticos advierte un elaborado plan tendiente a asegurar el regreso del kirchnerismo al poder en el 2019. El escenario que describen es más o menos el siguiente: Cristina Kirchner quiere que en el 2015 se imponga la fórmula Mauricio Macri-Ernesto Sanz, que ese futuro gobierno al que el kirchnerismo identificará con la derecha liberal sea el encargado de tomar todas las medidas económicas impopulares (fácilmente etiquetables como derechistas y liberales) que el reordenamiento de la economía requiera, y que esos cuatro años de rigores y estrecheces se conviertan en terreno fértil para la promoción de su regreso triunfal en el 2019. Ese plan tiene su costado político, encabezado por Carlos Zannini, y su flanco económico, conducido por Axel Kicillof. En lo político se orienta en primer lugar a sabotear cualquien asomo de candidatura que se presente o pueda ser vista como heredera o continuadora del kirchnerismo, especialmente las de Daniel Scioli, Florencio Randazzo o Sergio Massa, incluso alentando a otros aspirantes como Jorge Taiana o Agustín Rossi para dispersar y confundir la oferta. En segundo lugar, el plan tiende a alentar discretamente la figura de Macri (la presidente lo invita a determinados actos públicos y no se opone a compartir escenarios con él), reducir los ataques en los medios oficialistas (el desalojo en Lugano no recibió la andanada de críticas que habría merecido en otro tiempo), y no poner trabas en general a las iniciativas del oficialismo en la legislatura porteña (particularmente las que involucran contratos o concesiones). Según el sitio La Política Online, Zannini intervino personalmente para favorecer la victoria de una alianza PRO-UCR en unas elecciones en Marcos Juárez, Córdoba, que serán tomadas como caso testigo. El secretario legal de la presidente le indicó expresamente a la lista kirchnerista local que no debía pretender ganar la elección comunal por celebrarse en diciembre, dijo el sitio. La otra cara de este aparente romance del kirchnerismo con la “derecha liberal” tiene que ver con el manejo de la economía, orientado a dejar las cosas en las peores condiciones posibles, pero alejando el momento del estallido más allá de diciembre de 2015, para que sea justamente la “derecha liberal” la que pague la fiesta, y los platos rotos durante la fiesta. Los comentaristas no encuentran otra explicación para las decisiones que adopta el gobierno en ese campo, dinamitando con su manejo del caso holdouts la posibilidad de que un futuro gobierno pueda acceder más o menos normalmente al mercado de capitales, y no haciendo otra cosa que emitir dinero y retrasar el tipo de cambio para capear la recesión instalada en la economía desde hace tiempo. Para reforzar todo este juego, observa Jorge Fontevecchia, el gobierno está llenando de adictos las listas de legisladores de Scioli de modo de asegurarse bancas aunque el bonaerense pierda las elecciones, al tiempo que está saturando todos los niveles de la administración pública con “militantes” para entorpecer en el futuro cualquier intento de cambiar el rumbo. Esta es la lógica que los analistas ven detrás de las últimos movimientos políticos del gobierno, lógica que este sitio esbozó días atrás aunque con reparos por su desmesurada cuota de irracionalidad. El oficialismo parece inexplicablemente seguro de que la economía no va a estallar antes de 2015, y de que sus máximas cabezas no van a dar con los huesos en la cárcel tan pronto hayan abandonado el poder. Las dos cosas son mucho más que altamente probables, pero tal vez el kirchnerismo sepa algo que nosotros no sabemos.

–Santiago González