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El plomo de verdad

La muerte violenta del fiscal Alberto Nisman horas antes de que debiera presentarse ante el Congreso para explicar su denuncia contra la presidente Cristina Kirchner por intentar encubrir a los acusados iraníes de la voladura de la AMIA es un asunto tan grave, o más grave, que la denuncia misma. La Argentina amaneció este lunes sumida en un desconcierto que envuelve, visiblemente, tanto al gobierno como a la oposición y a los propios medios de comunicación. Como si a todos les costara asimilar la idea de lo hondo que ha caído el país para que todas estas cosas estén sucediendo realmente. Pero también, y especialmente, porque ni siquiera es posible aventurar una hipótesis, porque cualquier hipótesis es posible, incluida la del suicidio. Los más desaforados se inclinan enfáticamente por una o por otra: los enemigos del gobierno le atribuyen la autoría del crimen con la intención de acallar a Nisman antes de que hiciera públicas sus pruebas; los amigos del gobierno sostienen en cambio que les tiraron un muerto para desprestigiarlo, sin aclarar muy bien quién querría hacerlo y por qué. El problema grave de esta Argentina caída en manos de la mafia (y el kirchnerismo es solo un instrumento de esa mafia) es que cualquiera de esas hipótesis es plausible. Como también lo es la de quienes abonan la teoría del suicidio, sospechando que en realidad el fiscal nunca recibió las pruebas que decía tener, y que él mismo fue víctima de una guerra solapada y cruenta entre jugadores del mundo del espionaje. En su aparición el miércoles en el programa A dos voces se lo vio acelerado y tenso, y él mismo reconoció en otro reportaje que no había podido dormir. “Yo puedo salir muerto de esto”, dijo en una de sus últimas declaraciones, y nadie consideró necesario pedirle explicaciones, como si se tratara de algo obvio. A horas de la muerte del fiscal lo poco que se puede decir con certeza es que el principal perjudicado políticamente por el incidente es el gobierno, cuyas explicaciones van a carecer de credibilidad sean o no veraces, simplemente porque el kirchnerismo hace rato que dejó de ser creible. Otra certeza dice que el esclarecimiento del atentado contra la mutual judía se aleja todavía más con este episodio. Cuando el fiscal Nisman presentó su denuncia este sitio sostuvo que sólo se trataba de fuegos de artificio. El problema con las balas de fogueo es que nunca falta el avieso que pone el plomo de verdad.

–S.G.

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