«La doctrina del shock, como toda doctrina, es una filosofía del poder. Es una filosofía sobre cómo alcanzar objetivos políticos y económicos. Y se trata de una filosofía que sostiene que la mejor manera, el mejor momento, para imponer ideas radicalizadas de libertad de mercado es en las postrimerías de una gran conmoción. Esta conmoción podría ser un colapso económico. Podría ser un desastre natural. Podría ser un ataque terrorista. Podría ser una guerra. Pero la idea es que estas crisis, estos desastres, estas conmociones ablandan a sociedades enteras. Las desarticulan. La gente se desorienta. Y se abre una ventana (…) que permite introducir lo que los economistas denominan “una terapia de shock“. Es como una reformulación absoluta de un país. Todo al mismo tiempo. No una reforma aquí, y otra allá, sino el tipo de cambios radicales que vimos en Rusia en los noventa, los que Paul Bremer intentó imponer en Irak luego de la invasión. Esa es la doctrina del shock. Y no pretendo decir que los únicos que han intentado explotar las crisis son los derechistas contemporáneos, porque esta idea de aprovechar las crisis no es propia de esta ideología en particular. La aplicó el fascismo. La aplicó el comunismo de estado. Se trata, sí, de un intento de comprender mejor la ideología en la que estamos inmersos, la ideología dominante de nuestro tiempo, que es la economía de mercado sin límites de ninguna especie.» –Naomi Klein, en diálogo con Amy Goodman, Democracy Now, 2007.