- gaucho malo - https://gauchomalo.com.ar -

Comprensión de textos

Una muchachita esmirriada, de unos 14 ó 15 años, de aspecto perfectamente normal, está en la cola del supermercado con un par de artículos que sostiene en la mano. Se ha ubicado frente a la caja rápida, presidida por un gran cartel que dice “Máximo 15 unidades”. Cuando se aproxima su turno comienza a dar señales de inquietud, mira hacia las cajas contiguas, mira a su alrededor, no se adelanta. Los que la siguen en la fila no entienden qué pasa, se inquietan a su vez, hasta que uno le pregunta: “¿Estás en la cola, vas a pagar o no?”. La chica se sonríe nerviosa, señala el cartel, muestra las cosas que lleva en la mano y explica: “Como dice quince, y yo llevo esto solo, no sé si me van a cobrar aquí…”. Le aseguran que sí, y entonces se decide y avanza.

La respuesta de la niña me sacudió como me había sacudido muchos años atrás la persona ya adulta que en un supermercado de una capital latinoamericana me pidió que le leyera unas etiquetas porque no sabía leer. Una cosa es hablar de analfabetismo, y otra cosa es encontrarse frente a un analfabeto; una cosa es hablar de analfabetismo funcional, y otra cosa es encontrarse frente a un analfabeto funcional. La niña de la que hablo sabía leer –de hecho, había leído el cartel–, con toda seguridad había completado por lo menos el ciclo de educación primaria que se imparte en las escuelas argentinas. Pero no podía interpretar correctamente un cartel sencillo, que no dejaba espacio para la doble interpretación. Cuando se dice que nuestros adolescentes tienen problemas para la comprensión de textos, uno piensa por lo menos en un artículo periodístico con algún grado de elaboración; no piensa en un simple cartel de supermercado.

Traté de imaginarme cómo habrá de ser la vida de esta niña, mi compatriota, de alguna manera mi hija, la heredera del país que varias generaciones, entre ellas la mía, le dejamos por todo patrimonio. Inerme ante un mundo cada vez más complejo, condenada a vacilaciones e incertidumbres como las que enfrenta un ciego que tantea las tinieblas con su bastón. Presa fácil de todos los embaucadores, económicos y políticos. En un par de años habilitada para votar, y en otro par de años más obligada legalmente a votar. No me costó hacerme una idea de su futuro, no muy distinto del futuro de todos nosotros.

–S.G.