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	<title>gaucho malo &raquo; gaucho malo</title>
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	<description>El sitio de Santiago González</description>
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		<title>Amalia Lacroze de Fortabat (1921-2012)</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Feb 2012 19:21:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Alfredo Fortabat]]></category>
		<category><![CDATA[Amalia Lacroze]]></category>
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		<category><![CDATA[Enrique Nosiglia]]></category>
		<category><![CDATA[Ernestina Herrera de Noble]]></category>
		<category><![CDATA[Eugenio Aramburu]]></category>
		<category><![CDATA[José María Alfaro y Polanco]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Máximo Premoli]]></category>

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		<description><![CDATA[Amalia Lacroze fue una de las dueñas de la Argentina, en el sentido más amplio de la palabra. Poseedora de una de las mayores fortunas del país, y administradora durante tres décadas de una de sus empresas más importantes, su trayectoria pública ejemplifica como pocas las relaciones entre el poder económico y el poder político &#8230; </p><p><a class="more-link block-button" href="http://gauchomalo.com.ar/2658/amalia-lacroze-de-fortabat-1921-2012/">Continúa &#187;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2012/02/amalia.jpg" alt="" title="amalia" width="451" height="140" class="aligncenter size-full wp-image-2659" /></p>
<p>Amalia Lacroze fue una de las dueñas de la Argentina, en el sentido más amplio de la palabra. Poseedora de una de las mayores fortunas del país, y administradora durante tres décadas de una de sus empresas más importantes, su trayectoria pública ejemplifica como pocas las relaciones entre el poder económico y el poder político desde el peronismo hasta nuestros días.</p>
<p>Cuando le preguntaron una vez si estaría dispuesta a postularse para algún cargo político, repuso: &#8220;Yo prefiero el poder real al poder formal&#8221;. Y, en una confidencia inesperada a un interlocutor circunstancial, declaró sin vueltas: &#8220;Yo, cada día que me levanto, lo hago sabiendo que la plata es mía, y que puedo hacer con ella lo que quiera&#8221;. Yo y yo.</p>
<p>Esas dos frases definen su visión del mundo, enmarcan el perfil de esta mujer ambiciosa y audaz, calculadora y enamoradiza, inteligente y sensual, generosa y mezquina, autoritaria y paternalista, con más dinero que buen gusto, con cierta inclinación al exhibicionismo pero reservada y discreta a la hora de la donación y el mecenazgo.</p>
<p><span id="more-2658"></span></p>
<p>Su primer gesto de audacia fue el de abandonar a su marido Hernán de la Fuente cediendo a los reclamos amorosos del empresario Alfredo Fortabat, que la duplicaba en edad pero la centuplicaba en fortuna, con su cementera Loma Negra. Amalia y Alfredo, ambos separados, pudieron casarse en 1951 gracias a una disposición legal dictada para ellos, e inmediatamente derogada.</p>
<p>Amalia aprendió muchas cosas de su nuevo esposo, entre otras cómo el dinero podía influir decisivamente sobre el poder político. Fortabat mantenía aceitados vínculos con el gobierno peronista, y gratificaba a sus funcionarios a cambio de favores de todo tipo. Tan aceitados que en 1955 sus empresas fueron intervenidas e investigadas. Pero nada pudo probarse.</p>
<p>Alfredo, uno de cinco hermanos, había logrado por procedimientos todavía confusos que la totalidad de la fortuna familiar pasara a sus manos. Lo mismo logró Amalia cuando Alfredo murió en 1976 (poco después del fallecimiento de su médico personal y de su escribano de confianza, éste asesinado), porque el testamento que redactaba todos los años no se encontraba.</p>
<p>En el capítulo del libro <em>Los dueños de la Argentina </em>(1992) dedicado a Amalia Lacroze, el periodista Luis Majul afirma que el testamento había sido confiado a un abogado integrante del estudio de Eugenio Aramburu, hijo del militar asesinado por los Montoneros. Eugenio, hombre de íntima confianza de Amalia, se convertiría más tarde en vicepresidente de Loma Negra. </p>
<p>Un par de días después del fallecimiento de Alfredo, Amalia ocupó su lugar al frente de la empresa, iniciando una gestión de tres décadas que algunos califican de exitosa y otros de lamentable. De uno u otro modo, Loma Negra se erigió en ejemplo del capitalismo prebendario o, como preferimos describir en este sitio, de la mafia político-económica que se apoderó del país.</p>
<p>La flamante presidente del directorio mantuvo sin cambios el estilo paternalista de conducción empresaria, que entre nosotros se conoce como de &#8220;patrón de estancia&#8221;, y que combina la exigencia rigurosa con el auxilio oportuno, generoso e individual, pero incluye un rechazo visceral por la reivindicación en grupo.</p>
<p>En los alrededores de la planta de Loma Negra en Olavarría los Fortabat levantaron escuelas, hospitales y una villa entera para la atención y el alojamiento de sus operarios, y organizaron un club de fútbol para su entretenimiento. Pero no quisieron ni oir hablar de la silicosis, una enfermedad que según el sindicato afectaba a los trabajadores del cemento.</p>
<p>En 1977, el abogado Carlos Moreno, asesorado por algunos médicos, patrocinó juicios contra la empresa presentados por obreros afectados. Meses después Moreno fue capturado y muerto por los militares, según escribió su hijo, que responsabiliza a Loma Negra del hecho. La justicia falló finalmente a favor de los demandantes.</p>
<p>Otra cosa que hizo Amalia fue perfeccionar el sistema de cartelización que tan refinadamente había concertado su difunto esposo con las empresas de la competencia, y que suponía un reparto proporcional del mercado y un acuerdo de precios que por décadas obligó a los argentinos a pagar el cemento a cinco dólares la bolsa, frente a tres en el resto de la región.</p>
<p>Loma Negra obtuvo de los sucesivos gobiernos toda clase de beneficios irregulares, que van desde la estatización de millonarias deudas en dólares (que pagamos todos), a tarifas preferenciales en la provisión de energía, pasando por una miríada de exenciones impositivas, algunas encubiertas detrás de los famosamente corruptos regímenes de promoción industrial.</p>
<p>Además, el Estado siempre fue un cliente preferencial de Loma Negra para la construcción de autopistas, represas y obras públicas de diversa envergadura. Amalia siempre tuvo a mano un intermediario adecuado para obtener esos favores, fuesen las concesiones especiales o los contratos para la provisión de cemento. </p>
<p>Se dice que en tiempos de la dictadura los contactos le fueron facilitados por el coronel Luis Premoli, y en tiempos de Raúl Alfonsín, por Enrique &#8220;Coti&#8221; Nosiglia, ambos hombres de su íntima confianza. No necesitó gestores con Carlos Menem, que la nombró embajadora itinerante, ni tampoco con Fernando de la Rúa, que le respetó esa condición.</p>
<p>A esa altura, Amalia ya no buscaba a los políticos sino que los políticos la buscaban a ella, esperaban ser recibidos en su magnífico piso de la avenida Libertador. En algún reportaje, la empresaria comentaría, entre sorprendida y divertida, cómo los hombres supuestamente poderosos del país acudían temerosos a sentarse en sus sillones. Poder real y poder formal.</p>
<p>Esta mujer astuta y calculadora para los negocios tenía sin embargo un costado sensible, una inquietud siempre viva, entre sensual y enamoradiza, por la compañía masculina. La nómina de quienes le arrancaron suspiros incluye abogados, diplomáticos, políticos, artistas, militares, e incluso algunos codiciados padrillos de buena sociedad (se dice que uno se le retobó).</p>
<p>La crónica menuda recuerda que su enemistad con la dueña del grupo <em>Clarín</em> nació de la competencia entre ambas por la atención de José María Alfaro y Polanco, un elocuente embajador español que dedicó dieciséis años de su carrera a homenajear la belleza de las damas más encumbradas de la sociedad porteña.</p>
<p>En algún momento el diplomático desbordó los límites de la prudencia en la manifestación de su atracción por Amalia, lo que le ocasionó a ésta un primer gran disgusto con Alfredo, quien todavía vivía. Posteriormente, el embajador aparecería fotografiado casi a diario en las páginas de <em>Clarín</em>, y el mundillo local pudo saber quién había ganado la contienda.</p>
<p>El incidente tal vez dejó a Amalia el regusto de una derrota, y la necesidad de una venganza. De otro modo no se explica su imprudente incursión en el mundo de los medios, primero con Radio El Mundo, y luego con el diario <em>La Prensa</em>, donde desperdició 20 millones de dólares en el proyecto desopilante que le llevó un grupo de timadores.</p>
<p>Algunos que la conocieron de cerca la describen como una persona ingenua, capaz de caer en esas trampas cuando la motivación que la impulsaba no era del todo racional. Ingenuamente también posaba como conocedora de las artes plásticas, y había acumulado una costosa colección de originales que los entendidos describen piadosamente como &#8220;ecléctica&#8221;.</p>
<p>Ese perfil, alentado por el periodismo complaciente, la llevó a presidir el Fondo Nacional de las Artes, donde se la recuerda por haber manifestado su disgusto por un premio concedido a la novela <em>El anatomista</em>, cuyo autor Federico Andahazi cuenta la historia del descubridor de un secreto femenino muy bien guardado. Gesto inesperado en una mujer de su audacia.</p>
<p>En los noventa se vio arrastrada por la ola de frivolidad y exhibicionismo que recorría el país, y era frecuente verla mostrando su casa y sus vestidos en las revistas, que también relataban con pelos y señales su vida amorosa. Incluso se sometió al interrogatorio del &#8220;Contra&#8221; Juan Carlos Calabró, quien le preguntó cómo se las arreglaba con tantos cuadros &#8220;en dos ambientes&#8221;.</p>
<p>Mucho se ha hablado en estos días de las actividades caritativas y de mecenazgo en que se vio envuelta Amalia, algunas veces a título personal, otras a través de su fundación, unas veces para resolver carencias y sostener instituciones públicas, otras para promover disciplinas científicas o artes determinadas.</p>
<p>Se dice que sus donaciones de todo tipo pudieron haber alcanzado la suma de cuarenta millones de dólares. Aunque la cifra es equivalente a la mitad de la deuda estatizada de Loma Negra, no debe ser por eso desdeñada. Son muchos los colegas de la empresaria que recibieron favores similares, y no retribuyeron ni un peso.</p>
<p>El último acto controvertido en la vida empresaria de Amalia Lacroze fue la venta de Loma Negra en el 2005 a un grupo brasileño, decisión que no esperaban quienes recordaban su preocupación por los veteranos de Malvinas, su reiterada costumbre de proponer un brindis por la Argentina, su pasión por el tango y el folklore (que bailaba con placer), su apoyo a la ciencia y el arte argentinos.</p>
<p>Para entonces el gobierno de Néstor Kirchner ya la había echado del Fondo Nacional de las Artes, le había quitado el rango de embajadora, le había demandado el pago de deudas impositivas, le había iniciado juicio por la cartelización del mercado del cemento. Amalia, ya mayor, no tenía fuerzas para soportar estos embates y mantener la empresa a flote.</p>
<p>Explicó su decisión de vender diciendo que no había en su familia la energía o la voluntad para seguir conduciéndola. Pudo haber sacado la empresa a la Bolsa, para que los inversionistas argentinos tuviesen un alternativa mejor que fugar sus capitales del país, pero aparentemente no se le ocurrió. Con su plata, en definitiva, hizo lo que quiso.</p>
<p>De todos modos, dejó a la Argentina un legado importante: la fundación y el museo de arte que llevan su nombre. Su personalidad unió a un tiempo los perfiles de la vieja clase dirigente argentina, paternalista, arbitraria, orgullosa y hasta cierto punto autónoma, con los de los nuevos dueños del país, cuya prosperidad depende de su cercanía a un estado corrupto.</p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
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		<title>Tango de Malvinas</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Feb 2012 23:11:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Defensa]]></category>
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		<category><![CDATA[Enrique Arenz]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Alberto Romero]]></category>
		<category><![CDATA[Malvinas]]></category>
		<category><![CDATA[Sylvina Walger]]></category>

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		<description><![CDATA[Los señores David Cameron y Cristina Kirchner han salido a la pista a bailar el tango de Malvinas. Como se sabe, se necesitan dos para ejecutar la danza, y estos líderes, movidos por la necesidad política, lo hacen de maravilla. El caballero conduce y la dama acompaña, pero con giros y paradas en los que &#8230; </p><p><a class="more-link block-button" href="http://gauchomalo.com.ar/2644/tango-de-malvinas/">Continúa &#187;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2645" title="malinas" src="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2012/02/malinas.jpg" alt="" width="449" height="129" /></p>
<p>Los señores David Cameron y Cristina Kirchner han salido a la pista a bailar el tango de Malvinas. Como se sabe, se necesitan dos para ejecutar la danza, y estos líderes, movidos por la necesidad política, lo hacen de maravilla. El caballero conduce y la dama acompaña, pero con giros y paradas en los que demuestra que ella también tiene algo que decir en el asunto.</p>
<p>Como ocurre cada vez que suena esta música, se reavivan los apasionados argumentos que los argentinos normalmente tenemos sobre todas las cosas, en este caso entre los halcones para quienes el agravio de 1833 sólo se salda con una retirada inglesa bajo presión, y las palomas mansamente confiadas en que el tiempo y la conversación todo lo arreglan.</p>
<p>En esta oportunidad, sin embargo se escucharon además puntos de vista novedosos, por lo menos para este cronista, y también sugestivos. Puntos de vista que nos han invitado a pensar en los habitantes de las Malvinas como personas, no como intrusos ni como <em>kelpers</em> (palabra que los deshumaniza, los convierte en cosas) sino como gente.</p>
<p><span id="more-2644"></span></p>
<p>Primero fue el escritor Enrique Arenz, con la nota <a href="http://enriquearenz.blogspot.com/2012/02/treinta-anos-de-una-guerra-inconcebible.html" target="_blank">Los malvinenses son personas como nosotros</a>, que publicó en su blog; luego el historiador Luis Alberto Romero, con <a href="http://www.lanacion.com.ar/1448512-son-realmente-nuestras-las-malvinas" target="_blank">¿Son realmente nuestras las Malvinas?</a>, un artículo que apareció en el diario <em>La Nación.</em></p>
<p>Arenz advierte con alarma que el debate público sobre la cuestión Malvinas sigue anclado en los mismos términos que regían en 1982, especialmente en cuanto a que &#8220;no debemos dialogar ni negociar nada con los isleños sino con Londres, la metrópolis colonial&#8221;. Pero, agrega, &#8220;es posible pensar de otra manera sin renunciar por ello a nuestros legítimos derechos&#8221;.</p>
<p>Los isleños, dice Arenz, &#8220;son personas como nosotros, viven por azar en una tierra con la que mantienen un lazo de pertenencia muy profundo, tierra que ellos no tomaron por la fuerza porque nacieron allí y cuyos antepasados hace mucho tiempo que estuvieron allí&#8221;. Y subraya una y otra vez que &#8220;las personas son siempre más importantes que los territorios&#8221;.</p>
<p>&#8220;No estoy insinuando que debamos renunciar a las Malvinas&#8221;, aclara. &#8220;Siempre reivindicaremos esas islas porque son legítimamente argentinas. Pero entre tanto, hacer que los isleños nos odien más de lo que nos odian por todo lo que les hemos hecho y les seguimos haciendo, no tiene nada de patriótico ni de racional, es sencillamente una gran estupidez&#8221;.</p>
<p>&#8220;Los isleños necesitan tener contacto con nuestro territorio por razones comerciales, educacionales, sanitarias, culturales y económicas. Eso no implica reconocerlos como un estado independiente, porque la cuestión de la soberanía se defenderá siempre con el derecho internacional&#8221;, agrega el escritor.</p>
<p>Para el historiador Romero, &#8220;resulta difícil pensar en una solución para Malvinas que no se base en la voluntad de sus habitantes, que viven allí desde hace casi dos siglos. Es imposible no tenerlos en cuenta, como lo hace el gobierno argentino. Podemos obligar a Gran Bretaña a negociar. Y hasta convencerlos.</p>
<p>&#8220;Pero no habrá solución argentina a la cuestión de Malvinas hasta que sus habitantes quieran ser argentinos e ingresen voluntariamente como ciudadanos a su nuevo Estado. Y debemos admitir la posibilidad de que no quieran hacerlo. Porque el Estado que existe en nuestra Constitución remite a un contrato, libremente aceptado, y no a una imposición de la geografía o de la historia&#8221;.</p>
<p>La Argentina, dice Romero, ya probó sin resultado los acuerdos políticos con Londres y el garrotazo. &#8220;Queda la alternativa de cortejar a los <em>falklanders</em>. Demostrarles las ventajas de integrar el territorio argentino. Estimularlos a que lo conozcan. Facilitarles nuestros hospitales y universidades. Seguramente a Gran Bretaña le será cada vez más difícil competir en esos terrenos&#8221;.</p>
<p>Me interesa comentar aquí estos artículos porque, como dije más arriba, nos colocan frente a los malvinenses como personas: esto nos facilita ponernos en el lugar de ellos, y mirarnos como si nos miráramos desde las islas. El extrañamiento, la toma de distancia, siempre ayuda a mejorar la perspectiva, a despejar la mirada.</p>
<p>Entonces podemos formularnos la pregunta: ¿por qué un malvinense querría ser argentino? Para nosotros mismos, ¿es tan atractivo serlo? Démonos respuestas honestas: muchos más argentinos que habitantes hay en las islas tienen su dinero depositado fuera del país, dinero que alcanzaría para comprar varias veces las Malvinas.</p>
<p>Muchos más argentinos que los pocos miles de sajones que viven en el archipiélago se han procurado para sí y para sus descendientes una segunda nacionalidad, porque sienten que el estado argentino no los ampara como es debido, o porque, con razón o sin ella, suponen que las posibilidades de progreso y desarrollo pasan por otras latitudes.</p>
<p>Ahora, si nosotros mismos no confiamos en nuestro propio estado, en nuestras propias instituciones, ¿por qué vamos a imaginar que los isleños pueden sentirse dispuestos a abandonar la vida simple y sin pretensiones que viven en Malvinas para colocarse voluntariamente bajo la bandera argentina?</p>
<p>Nuestro fracaso respecto de las Malvinas es mucho más profundo y doloroso que la impotencia de nuestra diplomacia o de nuestra fuerza armada, es un fracaso que nos interpela como nación: en 180 años, nunca fuimos lo suficientemente atractivos como para que los isleños consideraran deseable incorporar su territorio a las Provincias Unidas.</p>
<p>A pesar de la proximidad, nunca fuimos una opción para sus jóvenes, un imán que los atrajera para estudiar, desarrollarse, crecer, aprender, e incluso volver al archipiélago a mejorar su calidad de vida con lo aquí aprendido. Nunca fuimos capaces de vencer, por simple peso específico, los recelos sembrados entre los isleños por quienes siempre lucraron con ellos.</p>
<p>Hoy las cosas se dan casi de la manera contraria a la que razonablemente cabía esperar. Somos nosotros los que miramos hacia las islas, tal como lo refleja la amarga exhortación de la periodista Sylvina Walger en una nota en <em>La Nación</em>: &#8220;Por favor, dejemos en paz a esos isleños que tienen muchas más posibilidades que nosotros de llegar a ser un país en serio&#8221;.</p>
<p>Las Malvinas no volverán a ser argentinas mientras los argentinos no volvamos a ser argentinos, una condición que fuimos perdiendo con el tiempo a fuerza de manosear, despreciar y bastardear las instituciones que tanto esfuerzo les costó erigir a los fundadores de la nación, y que en algún momento nos permitieron reconocernos como parte de un proyecto común.</p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
<p><span><br />
<div class="importante-blue"><span class="importante-title-blue">Referencias</span><a href="http://enriquearenz.blogspot.com/2012/02/treinta-anos-de-una-guerra-inconcebible.html" target="_blank">Los malvinenses son personas como nosotros</a>, por Enrique Arenz<br />
<a href="http://www.lanacion.com.ar/1448512-son-realmente-nuestras-las-malvinas" target="_blank">¿Son realmente nuestras las Malvinas?</a>, por Luis Alberto Romero</div></span></p>
<p><span><br />
<div class="importante-blue"><span class="importante-title-blue">Notas relacionadas</span><a href="http://gauchomalo.com.ar/?p=481" target="_blank">Héctor Bonzo (1932-2009)</a><br />
<a href="http://gauchomalo.com.ar/?p=964" target="_blank">Mohammed Alí Seineldín(1933-2009)</a><br />
</div></span></p>
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		<title>Luis Alberto Spinetta (1950-2012)</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 16:02:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Visiones y ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Alberto Spinetta]]></category>
		<category><![CDATA[Rock argentino]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo primero que sorprende en Luis Alberto Spinetta es que su arte de músico y poeta, una de las matrices del rock en la Argentina, que se dio a conocer con Almendra en 1967 y estalló en un gran final antológico con Las Bandas Eternas en el 2009, haya sobrevivido a través de los peores &#8230; </p><p><a class="more-link block-button" href="http://gauchomalo.com.ar/2614/luis-alberto-spinetta-1950-2012/">Continúa &#187;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2615" title="laspinetta" src="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2012/02/laspinetta.jpg" alt="" width="452" height="140" /></p>
<p>Lo primero que sorprende en Luis Alberto Spinetta es que su arte de músico y poeta, una de las matrices del rock en la Argentina, que se dio a conocer con <em>Almendra</em> en 1967 y estalló en un gran final antológico con <em>Las Bandas Eternas </em>en el 2009, haya sobrevivido a través de los peores años de la Argentina y mantenga aun su vitalidad.</p>
<p>Milagro atribuible a la cordura esencial de la locura que lo animaba, locura creativa que lo impulsaba a perseguir el sonido y la palabra capaces de dar voz a la angustia creciente de una generación tras otra, que iban brotando a la vida sólo para recibir cada vez un cachetazo más impiadoso: la locura de la cordura.</p>
<p>Desde sus sucesivas bandas, o su trabajo como solista, Spinetta dejó más de trescientas canciones. Probablemente algunos de nosotros, sus contemporáneos, llevemos una prendida a algún pliegue del corazón; seguramente todos guardamos allí la <em>Muchacha, ojos de papel</em>, la <em>Plegaria para un niño dormido</em>, el <em>Seguir viviendo sin tu amor</em>.</p>
<p><span id="more-2614"></span></p>
<p>Hizo su trabajo a conciencia, buscando y rebuscando en las palabras de otros creadores (y aquí habría que incluir un raro espectro que incluye a Borges y a Artaud, a Van Gogh y a Jung, a Pizarnik y a Santa Teresa) y en los sonidos de otros músicos (y aquí otro raro espectro, que une el rock y el tango, el jazz y el blues, Led Zeppelin y John Cage).</p>
<p>No era cuestión de imitar, claro, sino de encontrar la propia voz. &#8220;Yo nací para hacer canciones&#8221;, dijo una vez. Es cierto. Su trabajo fue decir, con palabras y sonidos, romper el silencio. &#8220;Cada nota es una esperanza, mientras que el silencio no posee ninguna esperanza más que la de ser una nota.&#8221;</p>
<p>En su proceso creativo, el principio no era el verbo. &#8220;Para la canción escribo porque la canción exige una letra y la música siempre está antes. La música esconde algo y uno debe encontrarlo. Uno tiene que descubrir el texto que está escondido en esa línea melódica, tiene que poder arrimar. Son esas palabras y no otras.&#8221;</p>
<p>Spinetta fue un músico, refinado y complejo, inspirado y con buen gusto, un &#8220;músico para músicos&#8221;, pero muchos disfrutaron de sus melodías poco convencionales. Y también fue un poeta (&#8220;Tengo cuadernos y cuadernos llenos de poesías.&#8221;), poeta para nada sencillo, cuyas extrañas metáforas rescataban de la chabacanería a un público fascinado.</p>
<p>Si bien no era indiferente a su entorno (&#8220;Qué manga de traidores en nuestra patria. Una sarta de hijos de puta, hermano.&#8221;), sus preocupaciones esenciales se orientaban en una dirección más existencial y cósmica, lo que colocó a sus canciones en un lugar más profundo, al margen de los vendavales superficiales que nos azotaron.</p>
<p>La trayectoria de Spinetta se despliega a través de su participación en cuatro bandas: <em>Almendra</em> (1967-1970), <em>Pescado rabioso </em>(1972-1973), <em>Invisible</em> (1973-1977), <em>Spinetta Jade </em>(1980-1985), y <em>Los socios del desierto</em> (1997-1999). Entre banda y banda, una intensa labor como solista. En todos los casos, búsqueda y experimentación.</p>
<p>Entre las decenas de álbumes que grabó se destaca <em>Artaud</em>, de 1973, elegido en una encuesta como el mejor de la historia del rock argentino. Atribuído a Pescado rabioso, en realidad es un revolucionario trabajo solista que tiene como plato fuerte la &#8220;Cantata de puentes amarillos&#8221;, basada en cartas de Van Gogh a su hermano Thèo.</p>
<p>Al presentar ese disco en el teatro Astral de Buenos Aires, Spinetta afirmó en un manifiesto: &#8220;El Rock no es solamente una forma determinada de ritmo o melodía. Es el impulso natural de dilucidar a través de una liberación total los conocimientos profundos a los cuales, dada la represión, el hombre cualquiera no tiene acceso.&#8221; Ese fue su credo.</p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
<p><span><br />
<div class="importante-blue"><span class="importante-title-blue">Documento</span><a href="http://wp.me/PmCDs-Ge" target="_blank">Rock: música dura. La suicidada por la sociedad, <em>por Luis Alberto Spinetta</em></a></div></span></p>
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