
El comportamiento del gobierno Kirchner es muy similar al del grupo Clarín. Los dos tienen por objetivo acumular poder aunque no se entiende muy bien para qué, más allá del propio enriquecimiento; los dos están conducidos por paranoicos; los dos disparan con munición gruesa cuando se sienten acorralados. Los dos, en fin, están convencidos de que la tapa de Clarín crea la realidad.
Cuando se encontraron, tuvieron su período de enamoramiento. Después vinieron las relaciones carnales. Ahora los platos de la vajilla vuelan en una y otra dirección, y se estrellan contra las paredes de la casa. Que casualmente es nuestra casa, la casa de los ciudadanos. Aunque el desempeño de estos desavenidos debiera ser público por definición, nada sabemos sobre los motivos de la ruptura.
El gobierno Kirchner es a la democracia liberal lo que el grupo Clarín a la prensa independiente: una imagen distorsionada en el espejo de la risa. Ahora bien, estos dos jugadores ocupan el lugar que ocupan porque nosotros, los ciudadanos, los pusimos allí para que nos presten un servicio. ¿Qué actitud debemos tomar en esta pelea? ¿Dejar que se maten entre ellos? ¿Tomar partido por uno o por el otro? ¿Tratar de separarlos? (sigue…)
