
La aprobación de la ley que hace extensiva a los homosexuales la opción de unirse en matrimonio civil con los mismos derechos y obligaciones de los heterosexuales es un despropósito institucional y un mamarracho jurídico impuesto a la sociedad por una legislatura oportunista, carente de convicciones, y olvidada de su condición de representante política.
El oficialismo volcó todo su peso detrás de un proyecto que semanas atrás no le interesaba, y apeló a las conocidas presiones, mañas y triquiñuelas para bloquear alternativas, torcer voluntades y conseguir llamativas ausencias a la hora de votar. Enredada en su habitual confusión ideológica, la oposición –radicalismo, socialismo, Coalición Cívica– hizo y dejó hacer.
A través de esos actores, una minoría activa, vocinglera y organizada, respaldada por una constelación de medios de comunicación afiliados al progresismo, prevaleció sobre la mayoría silenciosa del país. El enorme pene inflable agitado por esa minoría frente al Congreso resumió perfectamente la ética y la estética de lo que ocurría adentro: una vejación de la ciudadanía. (sigue…)
