En medio del barullo que logró desatar el campeonato mundial de fútbol, la Argentina anotó un significativo triunfo que pasó casi inadvertido: Pizza Hut decidió cerrar sus locales y concluir sus operaciones en este país. No es un triunfo de los que invitan a concentrarse en el Obelisco a gritar “¡Argentina! ¡Argentina!”, ni lo merece, pero tiene un gran valor de demostración.
En este caso, los consumidores locales –actuando con toda libertad e independencia, sin prejuicios ni ideologías–, votaron contra Pizza Hut y la botaron fuera del mercado. Castigaron un estilo que consideraron inapropiado y rechazaron un producto que consideraron ajeno a su gusto, o de calidad inferior.
La cadena había llegado con una actitud para muchos equivocada: llamó a sus pizzerías “restaurantes de pizzas” y las dotó de una decoración y un manejo interno pretencioso y de dudoso gusto, sólo capaz de atraer a los fundamentalistas de la tilinguería. (sigue…)
