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	<title>gaucho malo</title>
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	<description>El sitio de Santiago González</description>
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		<title>Macri en el país de los gigantes</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Aug 2010 13:22:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>

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		<description><![CDATA[Mauricio Macri exhibe debilidades en el manejo de la ciudad de Buenos Aires que abren dudas sobre su capacidad para hacerse cargo de un país.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1568" title="brobdingnag" src="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/brobdingnag.jpg" alt="" width="450" height="130" /></p>
<p>&#8220;Rugido de ratón&#8221; fue una frase muy usada en estos días para describir el fiasco del mensaje presidencial acerca de Papel Prensa. Pero no es ése el único escenario político al que le cabe la expresión: basta con volver la mirada desde la Casa Rosada y observar lo que ocurre al otro extremo de la plaza de Mayo, en el palacio de gobierno de la ciudad de Buenos Aires.</p>
<p>Un mes atrás, tras el fallo adverso por la causa de las escuchas telefónicas, la figura de Mauricio Macri se empinó por encima de las de sus rivales políticos kirchneristas y no kirchneristas al anunciar su decisión de tomar el toro por las astas, no apelar ese fallo para pasar directamente al juicio oral, y pedir su propio juicio político en la legislatura de la ciudad.</p>
<p>De esa bravata hoy no queda nada. El jefe de gobierno apeló finalmente el fallo de segunda instancia, y la idea del juicio político tuvo que ceder frente a la iniciativa opositora de crear una comisión investigadora sobre las tareas de espionaje que supuestamente realizaban sus subordinados. La ilusión óptica se invirtió: Macri recuerda ahora a Gulliver en Brobdingnag.<span id="more-1567"></span></p>
<p>La causa judicial por las escuchas telefónicas es una patraña, y nadie puede tomar en serio la idea de que el jefe de gobierno de la ciudad recibía en su domicilio informes diarios de Ciro James sobre parejas desavenidas, conflictos de intereses entre hermanos, o las relaciones entre su padre, su cuñado y su hermana. El problema no está ahí.</p>
<p>El problema está en cómo Macri y sus asesores han enfrentado esa operación política hostil, probablemente gestada en las entrañas del gobierno nacional. ¿Para qué anunciar la decisión de ir sin etapas al juicio oral antes de analizar si es una buena idea? ¿Para qué anunciar la decisión de pedir el propio juicio político sin tener asegurados los votos para lograrlo?</p>
<p>Estas son las cosas que hacen arquear las cejas a los votantes a la hora de pensar en un candidato a la presidencia de la Nación. Macri ha aprendido mucho desde que decidió saltar de la administración de los negocios privados a la gestión de los asuntos públicos: entre otras cosas, que en el ámbito público existe la política. Las empresas son estructuras verticales.</p>
<p>Pero su manejo de los conflictos deja mucho que desear: en cada enfrentamiento que ha tenido, comienza con una actitud de firmeza, sufre el desgaste que esa actitud le causa, y termina cediendo, con lo cual queda mal con todos. Y como ceder en definitiva tiene también su costo financiero, lo primero que se le ocurre para solventarlo es aumentar los impuestos.</p>
<p>Ese comportamiento reiterado le ha impedido además conferirle la debida autoridad al gobierno ciudadano. Las normas urbanas se violan por todas partes, con inspecciones o sin ellas, como lo muestran el caso del derrumbe de Villa Urquiza, o el de la vivienda de San Telmo protegida por su valor histórico que una empresa constructora demolió pese a no contar con autorización.</p>
<p>El gobierno de Macri convirtió en una de sus banderas la creación de una policía metropolitana, pero ese cuerpo de seguridad comenzó a tener problemas aún antes de salir a la calle, y sufrió varias bajas y recambios en sus más altos escalones. Alguien debió haber previsto que romper arraigados intereses policiales en la ciudad iba a traer problemas.</p>
<p>El escaso cuidado puesto en contrataciones como la del asesor legal del ministerio de educación James, o la del destituído jefe de inspectores que privilegió sus responsabilidades en la comisión directiva de Boca cuando aun había víctimas bajo los escombros del derrumbe hace al gobierno urbano vulnerable a escándalos y operaciones de desgaste.</p>
<p>Y acabamos de ver cómo un ministro de la ciudad, jaqueado por unos estudiantes díscolos que condujeron tomas de edificios en varios colegios, optó por conferenciar con ellos en lugar de restablecer la disciplina, algo que estaba obligado a hacer tanto por su carácter de representante de la autoridad del estado como por su responsabilidad en la educación de los jóvenes.</p>
<p>Pero además de un problema de autoridad, el gobierno local parece tener también un problema de gestión, justamente donde presume hacer su mejor aporte. Los estudiantes revoltosos se justificaron invocando problemas edilicios en sus colegios. El jefe de gabinete porteño admitió que sólo se había ejecutado, hasta agosto, el siete por ciento de lo presupuestado a esos fines.</p>
<p>Quien exhibe estas debilidades en el manejo de un distrito privilegiado como la ciudad de Buenos Aires, debilidades que agigantan a sus rivales, ¿puede estar en condiciones de hacerse cargo de un país? ¿Tiene, como dice, los equipos necesarios? Antes de empezar a arrojar enemigos por la ventana, Mauricio Macri debería hacerse estas preguntas, ventanas adentro.</p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
<div class="important-blue"><span class="important-title-blue">Notas relacionadas</span><a href="http://gauchomalo.com.ar/?p=1463" target="_blank">Macri en el país de los enanos.</a></div>
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		<title>Papeles de familia</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Aug 2010 23:27:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios]]></category>
		<category><![CDATA[Ámbito Financiero]]></category>
		<category><![CDATA[Clarín]]></category>
		<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[La Nación]]></category>
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		<category><![CDATA[Papel Prensa]]></category>

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		<description><![CDATA[El conflicto surgido en torno de Papel Prensa expresa una guerra entre familias, en la que es difícil distinguir buenos y malos. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1558" title="papeles" src="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/papeles.jpg" alt="" width="450" height="120" /></p>
<p>De un lado el gobierno Kirchner, cuya vocación republicana es menos que nula; del otro lado <em>Clarín</em> y <em>La Nación</em>, que han abusado de su posición dominante en la prensa gráfica y sometido a otros intereses su responsabilidad de informar; en el medio, la familia Graiver, y su mundo de testaferros, quiebras, muertes misteriosas, y relaciones simultáneas con militares y guerrilleros.</p>
<p>Este sitio sostiene que a partir de los 70 la vida institucional del país ha venido degenerando en un sistema político económico cuasi-mafioso. El conflicto surgido en torno de Papel Prensa expresa una guerra entre familias, ligeramente desplazada en el tiempo, en la que es difícil distinguir buenos y malos. La agonía circunstancial de los Tattaglia o los Barzini no puede hacernos simpatizar con los Corleone.</p>
<p>Y sin embargo, cada uno de esos actores ha puesto en juego un valor que lo trasciende, y por cuya integridad debemos velar. Kirchner, la institución presidencial; <em>Clarín</em> y <em>La Nación</em>, la libertad de prensa; los Graiver, las garantías individuales. Ninguno de los tres debería resultar avasallado, y por lo que parece serán la Justicia y el Congreso los encargados de evitarlo.<span id="more-1557"></span></p>
<p>La exposición de la presidente sobre Papel Prensa giró sobre tres momentos: primero, la manera supuestamente espúrea por la cual <em>Clarín, La Nación</em> y <em>La Razón</em> adquirieron la empresa; segundo, la manera de operar de la empresa, privilegiando a sus accionistas sobre otros clientes; y tercero, las intenciones del gobierno respecto del futuro de esa fábrica.</p>
<p>Respecto de la primera cuestión, el gobierno sostiene que la familia Graiver se vio obligada en 1976 a vender sus acciones a precio vil bajo amenaza del gobierno militar, y apoya esa interpretación en los argumentos, nunca esgrimidos hasta ahora, de Lidia Papaleo y Rafael Ianover, alguien que proclama su condición de testaferro como si fuera un título honorífico.</p>
<p><em>Clarín</em> y <em>La Nación</em> afirman que los Graiver vendieron por propia y libre decisión, y recibieron una compensación adecuada. Respaldan esta tesitura los testimonios del embajador Gustavo Caraballo, quien compartió el mismo lugar de detención con la familia y conversó con ellos, y de Isidoro Graiver, quien declaró haber sido él mismo quien condujo la operación de venta.</p>
<p>Acerca del segundo asunto, en principio no habría nada cuestionable en el hecho de que los dueños de Papel Prensa cubran primero sus propias necesidades, y coloquen el excedente en el mercado si pueden hacerlo. Al fin y al cabo, la fábrica es de ellos, no es un servicio público, ni tampoco es &#8220;de todos los argentinos&#8221; como afirma el gobierno.</p>
<p>Pero desde un comienzo &#8211;caso único en los anales de la prensa independiente&#8211; el estado fue socio en Papel Prensa de <em>Clarín</em> y <em>La Nación</em>, no sólo porque se había apoderado de las acciones de María Sol, la hija de Graiver y Lidia Papaleo, sino porque a su vez las acciones de <em>La Razón</em> parecían estar más en manos del Ejército que de la familia Peralta Ramos.</p>
<p>Y el estado, ocupado por un gobierno de facto y a la vez socio de los diarios, impuso enormes aranceles a la importación de papel para proteger la planta recién nacida. Esto contribuyó a la desaparición de medios como <em>La Prensa</em>, puso en serios aprietos a otros, y en definitiva colocó a todos los diarios del país a merced de la buena voluntad de <em>Clarín</em> y <em>La Nación</em>.</p>
<p>Para asegurarse la benevolencia de esos dos poderosos colegas, muchos periódicos del interior aceptaron constituir como socios minoritarios la agencia noticiosa Diarios y Noticias (DyN), en los hechos orientada editorialmente por <em>Clarín.</em> Algunos, con razonable suspicacia, prefirieron mantener su pertenencia a la otra agencia noticiosa privada, Noticias Argentinas.</p>
<p>La tercera palanca persuasiva en manos de <em>Clarín</em> y <em>La Nación</em> era la intelectualmente indigente Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), cuya principal actividad ha sido defender con sonora retórica e inquebrantable unanimidad los negocios de esos dos matutinos. A cambio, los medios más pequeños obtenían protección en caso de conflictos locales.</p>
<p>De ese modo, los dos grandes diarios lograron alinear detrás de sus particulares intereses a todo el resto de la prensa escrita del país, que, digámoslo también, nunca logró, salvo tres o cuatro honrosas excepciones, superar con perfil propio una uniforme mediocridad. Cada vez que una crisis sacudió a alguna provincia, los medios locales fueron los últimos en enterarse.</p>
<p>La influencia de <em>Clarín</em> y <em>La Nación</em> fue visible en el caso de la crisis del 2001, cuando ambas sociedades editoras se beneficiaron de la pesificación &#8220;asimétrica&#8221;. Ninguno de los dos denunció entonces debidamente el saqueo a los ahorros de todo un país dispuesto por un gobierno de facto en beneficio de unos pocos. En el interior, los diarios tocaron la misma partitura.</p>
<p>Durante años y años, entonces, <em>Clarín</em> y <em>La Nación</em> pudieron ejercer, y lo hicieron, una influencia inapropiada, de &#8220;padrinazgo&#8221; digamos, sobre el resto de la prensa escrita a través de tres resortes básicos: la provisión de papel, por vía de Papel Prensa; la provisión de noticias y fotografías, a través de la agencia DyN, y la representación gremial, bajo la cobertura de ADEPA.</p>
<p>Esa influencia no fue ilegal, pero sí incompatible con el estado liberal que esos medios dicen defender, y fue tolerada sin demasiada resistencia por los otros diarios, con excepción del <em>Ámbito Financiero</em> de Julio Ramos, que se cansó de denunciar a <em>Clarín</em>, y la <em>Crónica</em> de Héctor Ricardo García, con la que se auxiliaban recíprocamente con sus reservas de papel para poder salir a la calle.</p>
<p>Pero esas son cuestiones del siglo pasado. Las condiciones de la prensa han variado en los últimos años: la importación de papel es ahora libre y sin aranceles, la revolución en las comunicaciones redujo el lugar de la agencia de noticias como fuente de crónicas y fotografías, y ADEPA no corta ni pincha.</p>
<p>Muchos diarios han cambiado de dueño, entre ellos <em>Ámbito</em> y <em>Crónica</em>, y han surgido nuevos grupos de medios con diferentes mentalidades.</p>
<p>En <em>La Nación</em> hubo un oportuno cambio de guardia, y los hermanos Saguier hacen lo posible por sacarse de encima la pesada herencia que les dejaron la indolencia de Bartolomé Mitre y las tortuosas maquinaciones de José Claudio Escribano; el grupo Clarín clama a gritos por un relevo generacional: el trío encabezado por Héctor Magnetto creyó que iba a poder manipular a todos, todo el tiempo, hasta que chocó con Kirchner.</p>
<p>La embestida del gobierno contra Papel Prensa forma parte de la dura contienda &#8220;familiar&#8221; de Kirchner contra Magnetto, en la que <em>La Nación</em> quedó envuelta porque los Saguier decidieron respetar las lealtades trabadas por sus predecesores, pese a que según se sabe fueron debidamente advertidos sobre la inconveniencia de mantener ciertas amistades.</p>
<p>Lo cual lleva a la tercera cuestión planteada por la presidente en su mensaje, y es la que tiene que ver con el futuro de la fábrica de papel para diarios. Por un lado dijo que toda la documentación sobre la forma como los diarios obtuvieron la propiedad de la planta iba a ser girada a la justicia, y a la secretaría de derechos humanos para su examen.</p>
<p>Por otro, adelantó que se proponía enviar al Congreso un proyecto de ley por el que se declararía a Papel Prensa de &#8220;utilidad pública&#8221;, una caracterización en la que muchos creyeron avizorar un futuro anuncio de &#8220;papel para todos&#8221;, esas bonanzas que la mentalidad progresista es capaz de generar por decreto mediante el sencillo trámite de la estatización.</p>
<p>Si estamos frente al caso de un proveedor único &#8211;al que nada obliga a suministrar papel al resto de los diarios&#8211; y de una demanda insuficientemente satisfecha, parecería más eficaz y más transparente que el gobierno destinara sus recursos a facilitar la instalación de otras plantas, con otros dueños, que a comprar una ya existente y creer que el estado la va a hacer funcionar mejor.</p>
<p>Pero si se sigue el camino que más le gusta al kirchnerismo, y al progresismo en general, va a ocurrir lo mismo que con Aerolíneas Argentinas, que la financian los que no vuelan, y vuela mal, y con la televisación del fútbol, que la financian los que no lo miran, y se ve mal.</p>
<p>Entonces los que no leen diarios van a financiar la fabricación de papel, que va a ser escaso y se va a romper. Y su distribución va a ser tan equitativa como la de la publicidad oficial.</p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
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		<title>Hugo Guerrero Marthineitz (1924-2010)</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Aug 2010 21:11:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios]]></category>
		<category><![CDATA[Hugo Guerrero Marthineitz]]></category>
		<category><![CDATA[Radio]]></category>

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		<description><![CDATA[Hugo Guerrero Marthineitz fue sin duda un maestro de la radio. Un maestro que sigue a la espera de sus discípulos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/hgm.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1539" title="hgm" src="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/hgm.jpg" alt="" width="450" height="124" /></a></p>
<p>La voz grave, perfectamente modulada, de Hugo Guerrero Marthineitz acompañó &#8211;¿habría que escribir educó?&#8211; desde la radio a varias generaciones de porteños, desde 1955, cuando llegó a la Argentina, hasta fines del siglo, cuando su estrella se eclipsó, probablemente opacada por el polvo que despedía un país en su caída a pedazos.</p>
<p>Sí, habría que escribir educó. Educó musicalmente, educó literariamente, educó en el habla, con ese castellano rico y elegante, sonoro y armonioso, que va replegándose cada vez más hacia los Andes, desde Colombia hasta Bolivia. Hacia el arco geográfico que rodea a la capital virreinal, esa Lima donde Guerrero nació en 1924.</p>
<p>También educó en materias más profundas, como libertad e independencia, y coraje para decir lo que se piensa, más allá de las consecuencias. Y también educó en su oficio, primero y principal como conductor de radio, luego como entrevistador de televisión. Todos lo dicen: fue un maestro de la radiofonía argentina. Llamativamente, no tuvo alumnos.<span id="more-1538"></span></p>
<p>Se hizo conocer con su primer programa &#8220;El club de los discómanos&#8221;, que iba de mañana por radio Excelsior, una emisora cuya audiencia principal eran los jóvenes y en la que prolijos pasadiscos presentaban sin pena ni gloria los temas dulzones que las discográficas querían difundir. En esos años, Ray Conniff, Percy Faith, y cosas por el estilo.</p>
<p>En el programa de Guerrero se escuchaba otra cosa: la música que a él le gustaba y que la conseguía quién sabe dónde. Nos saturó toda una temporada con el chispeante &#8220;bikini amarillo, a lunares, diminuto&#8230;&#8221;. Hablaba por encima de la música, la tarareaba, se reía &#8220;para adentro&#8221;, y se describía a sí mismo como el &#8220;peruano parlanchín&#8221;.</p>
<p>Eso solo bastaba para distinguirlo del resto, pero además, aquí y allá, decía cosas, contaba historias, proponía sus opiniones. Atraía, llamaba a escucharlo al día siguiente. El horario y el formato pronto le quedaron chicos, y así nació en 1967 &#8220;El show del minuto&#8221;, que no tenía sesenta segundos, sino seis horas de la tarde, de lunes a viernes, que llenaba él solo.</p>
<p>Al caer el día se lo podía ver por la calle Viamonte (vivía en las inmediaciones) en un recorrido que empezaba por la librería Verbum, frente a la Facultad de Filosofía, seguía por la librería Letras, en la cuadra siguiente, y terminaba en la confitería Jockey Club, en la esquina con Florida, donde se trenzaba en la barra con los escritores de Sur: H.A. Murena, Alberto Girri&#8230;</p>
<p>De esas pesquisas, de esos contactos, salían seguramente los textos que leería al día siguiente en su programa, las ideas que propondría, para suscribirlas o, más probablemente, para polemizar con ellas, con su estilo provocador, irreverente, sarcástico, algunas veces arbitrario, muchas veces irritante por su soberbia.</p>
<p>Fue en ese programa ómnibus donde alcanzó su mayor popularidad, que él mismo subrayaba pegando un golpe sobre la mesa y proclamando &#8220;Otro clavó la sintonía en radio Belgrano&#8221;. Fue allí también donde ensayó sus principales innovaciones: poner en el aire los llamados del público, dedicar el tiempo necesario a un tema sin interrupciones publicitarias.</p>
<p>Allí pudo también derribar varios de los mitos tomados como verdades por el medio. Demostró que se podía mantener un largo silencio en el aire, si estaba cargado de sentido, o de expectativa; que se podía leer todo un cuento o un ensayo de un tirón, si se lo sabía leer; que se podía difundir un tema que superara los consabidos tres minutos si lo valía.</p>
<p>Muchos recuerdan ahora haber conocido a Ray Bradbury, o a Robert Bloch, o a Alvin Toffler, o a Mark Twain, de la voz del peruano; muchos conocieron de esa misma voz los cuentos del mexicano Francisco Gabilondo Soler, &#8220;Cri-Cri&#8221;, o los poemas del también peruano Nicomedes Santa Cruz.</p>
<p>Otros destacan que sólo en el programa del &#8220;negro&#8221; Guerrero se podía escuchar completo &#8220;Corazón de madre atómica&#8221; de Pink Floyd, o el &#8220;Romance de la muerte de Juan Lavalle&#8221;, de Ernesto Sabato y Eduardo Falú. Otros más evocan sus memorables charlas con Jorge Luis Borges, o con el &#8220;polaco&#8221; Roberto Goyeneche o con José Larralde.</p>
<p>Su manera independiente de observar y explicar la realidad, tal vez su misma condición de extranjero (aunque en un momento optara por la nacionalidad argentina), le permitieron atravesar la década de 1970 sin quedar atrapado en el violento torbellino de demencia política que arrastró a gran parte de la sociedad en la que vivía y trabajaba.</p>
<p>Son numerosas y conocidas las anécdotas sobre sus frecuentes enfrentamientos con los poderes de turno, civiles o militares. Varias veces sus programas fueron sacados del aire, y Guerrero nunca quiso jugar el papel de víctima. Sabía lo que hacía, y lo que decía, y se hacía cargo de las consecuencias.</p>
<p>&#8220;Durante los 28 años que llevo de tareas radiofónicas &#8211;dijo en 1983, con el regreso de la democracia&#8211;, muchos de mis comentarios, que han sido sistemáticamente controlados por mí, sumamente controlados sin llegar a la autocensura, han caído mal a las autoridades pertinentes&#8221;. Y se reía de haber sido acusado de izquierdista, derechista, jesuita y masón.</p>
<p>Como es habitual en la Argentina cuando el coraje o el talento de alguien pone en evidencia la cobardía o la mediocridad del resto, sus colegas no le tenían la menor simpatía, y apuntaban su resentimiento contra su condición de extranjero o su carencia de &#8220;carnet habilitante&#8221;. Tuvo que gestionarlo por presión de la Sociedad de Locutores&#8230;</p>
<p>&#8220;Ser independiente en la Argentina es un peligro público&#8221;, comentó en 1988. &#8220;No hay nada que nos moleste más que ser independientes&#8221;.</p>
<p>Se inició en la televisión con &#8220;Séptima noche&#8221;, pero fue &#8220;A solas&#8221;, que comenzó en 1984, donde reveló las posibilidades del medio para el reportaje intimista: el programa se abría con una conversación ya iniciada y terminaba mientras la charla seguía. Un uso creativo de la luz y los primeros planos acentuaban la indagación sobre la personalidad invitada.</p>
<p>Los programas de Guerrero atrajeron a varias generaciones sucesivas, primero a través de la radio, luego a través de la televisión. También a varias generaciones simultáneas: muchos recordaban en estos días haber escuchado o visto al peruano en compañia de sus padres, o sus abuelos.</p>
<p>Resulta difícil encontrar ahora en el dial un conductor con semejante amplitud de convocatoria, que también atravesaba las barreras del sexo o la clase social. A pesar de su estilo arrogante, Guerrero respetaba a su público, y el público lo percibía. Le hablaba de tú, sin la frialdad distante del usted ni la demagogia confianzuda del vos.</p>
<p>Hoy el peruano literalmente brilla por su ausencia. No se escucha en las radios dirigidas al gran público más que una homogénea papilla de groserías, chabacanería, doble sentido, lugares comunes, torpeza verbal y la previsible bajada de línea progresista, sostenidos a duras penas con risas grabadas y efectos sonoros.</p>
<p>Pero estemos tranquilos: los que ponen en el aire esos programas cuentan con carnet habilitante y diploma en comunicación.</p>
<p>Guerrero Marthineitz fue por cierto un maestro de la radio. Un maestro que sigue a la espera de sus discípulos.</p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
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		<title>La ley, y la falta de ley</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Aug 2010 14:46:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Justicia]]></category>
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		<category><![CDATA[Fibertel]]></category>
		<category><![CDATA[Ley]]></category>

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		<description><![CDATA[Es preferible vivir entre los intersticios de la ley en un país donde la ley rige, que vivir dentro de la ley en un país donde la ley no rige.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La decisión gubernamental de declarar caduca la licencia de la empresa Cablevisión-Fibertel, proveedora de acceso por cable a la red Internet, constituye, si no una flagrante violación de la ley, al menos un empleo retorcido y manipulador de las normas, y del poder del estado, en pos de un objetivo político, en este caso destruir al grupo Clarín.</p>
<p>No está claro si esta medida llegará a cumplirse; lo que sí es cierto es que ya impactó muy negativamente en el corazón de la clase media &#8211;principal usuario de esta clase de servicios y probablemente el más inquieto, activo y dispuesto a hacer escuchar sus opiniones&#8211; cuyos favores el kirchnerismo quería supuestamente conquistar con vistas al 2011.</p>
<p>La resolución de la Secretaría de Comunicaciones pasa por alto los intereses de los clientes de Fibertel, entre ellos <strong>gaucho malo</strong>, y las razones por las que decidieron optar por este proveedor y no por otro. Esta intromisión en los acuerdos entre privados se alinea con la pesificación de los depósitos y la confiscación de las jubilaciones privadas.<span id="more-1530"></span></p>
<p>No es cierto que existan alternativas tecnológicamente comparables al servicio que presta Fibertel. Incluso en la capital federal, donde la oferta es más amplia, la única empresa que brinda algo similar &#8211;banda ancha por fibra óptica/cable coaxial&#8211; es Telecentro. Lo que ofrecen las telefónicas no es ni remotamente comparable desde el punto de vista técnico.</p>
<p>La sociedad reacciona de manera notable cuando se siente tocada en un interés particular, como en este caso, pero parece más tolerante o indiferente a las denuncias sobre violación del estado de derecho, de la seguridad jurídica, de las garantías individuales, cuando se refieren a hechos que percibe como más lejanos, o al menos lejos de su comprensión.</p>
<p>Llevamos tan arraigada la noción de que en nuestro país la ley es algo relativo, que a veces rige y a veces no, o que rige para algunos y para otros no, que en vez de reaccionar con energía ante cada caso flagrante de violación, porque en cada uno se juega nuestra libertad, más bien tratamos de acomodar la conducta a ese contexto incierto.</p>
<p>Como el sapo puesto a hervir a fuego lento, nos vamos sumergiendo progresivamente en ese sopor ciudadano. No nos damos cuenta del costo enorme que nos impone en nuestra vida diaria esa incertidumbre normativa; costo material, en término de intereses afectados, pero también costo emocional: hay pocas cosas más desgastantes que la anomia.</p>
<p>En estos días hemos leído en los diarios de Buenos Aires varias crónicas sobre los argentinos que viven ilegalmente en los Estados Unidos. Los entrevistados describieron con todo detalle las dificultades que deben sortear para llevar adelante su existencia en esas condiciones, bajo la permanente amenaza, además, de ser descubiertos y deportados.</p>
<p>Sin embargo, pocos de ellos manifestaron deseos de regresar voluntariamente a la Argentina, a pesar de toda su nostalgia. Seguramente sin quererlo, nos enviaron una lección y un mensaje: <em>es preferible vivir en los intersticios de la ley en un país donde la ley rige, que vivir dentro de la ley en un país donde la ley no rige.</em></p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
<div class="important-blue"><span class="important-title-blue">Notas relacionadas</span><a href="http://gauchomalo.com.ar/?p=1174" target="_blank">Hecha la ley&#8230; hecha la otra ley.</a><br />
<a href="http://gauchomalo.com.ar/?p=110">¡La ley, estúpido!<br />
Relativamente legal.</a></div>
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		<title>Que se rompa, pero que no se doble</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Aug 2010 21:05:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Editor</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si el pan-radicalismo no logra ofrecer una opción creíble y contundente de poder basado en la ley, como quiere Carrió, la gente se va a inclinar en el 2011 por un liderazgo fuertemente personal.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/carriogm.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1524" title="carriogm" src="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/carriogm.jpg" alt="" width="450" height="129" /></a></p>
<p>Según relató un discípulo, el pensador francés Raymond Aron solía decir en sus clases que la política era el arte de la transacción permanente, excepto en &#8220;un extraño país&#8221;, la República Argentina, donde había escuchado consignas estremecedoramente contrarias a esa concepción, tales como &#8220;Que se rompa, pero que no se doble&#8221;.</p>
<p>Esta consigna le pertenece a Leandro N. Alem, el fundador del radicalismo, formulada en los albores del partido y en los fragores de la lucha contra el &#8220;régimen&#8221;. Sometidos a presiones, los materiales flexibles se amoldan, los rígidos se quiebran. Para Alem, era preferible el quiebre a la transigencia con aquello que el radicalismo se proponía cambiar.</p>
<p>Alem es uno de los mentores políticos, frecuentemente invocado, de Elisa Carrió, líder de la Coalición Cívica, que acaba de dar un &#8220;portazo&#8221; a radicales y socialistas, con los que compartía el armado del Acuerdo Cívico y Social, una alianza orientada a ofrecer una alternativa socialdemócrata al populismo kirchnerista en las elecciones del 2011.<span id="more-1523"></span></p>
<p>Patricia Bullrich, forzada a cumplir el rol de exégeta de la decisión de Carrió, afirmó que la política argentina está necesitada de portazos, esto es de posiciones claras e inclaudicables. Para Aron, actitudes como esa suponen lo contrario de la política, desconocen el diálogo, y por su propia intransigencia conducen al conflicto.</p>
<p>Ese principio de filosofía política puede ser válido para sistemas más o menos estables, pero éste no es, ni ha sido nunca, el caso de la Argentina, donde la contienda se ha librado más bien entre quienes pretenden justamente instalar un sistema republicano, y los que defienden un poder más basado en la autoridad personal que en el imperio de la ley.</p>
<p>Ese conflicto atraviesa la historia política argentina, y a grandes trazos sus términos aparecen expresados desde hace medio siglo por el radicalismo y el peronismo, dos corrientes políticas que, por lo demás, son bastante similares en sus concepciones ideológicas fundamentales.</p>
<p>El reconocimiento de esa identidad de fondo condujo, desde el regreso de la democracia, a un progresivo acercamiento entre las partes: los peronistas se allanan un poco más a la ley, los radicales dan más espacio a las componendas personales por sobre los principios. Y los dos sueñan con una benéfica alternancia libre de sobresaltos.</p>
<p>La alternancia se dio, y fue un fracaso: los dos gobiernos radicales (Alfonsín, De la Rúa) han terminado en el colapso; los dos gobiernos peronistas (Menem, Kirchner), abrumados por las causas judiciales. Y en ese ir y venir, han posibilitado el tramado de una madeja de intereses político-económicos cuasi-mafiosos que los supera y amenaza con devorarlos.</p>
<p>Tras la implosión del 2001, varios dirigentes radicales se apartaron de la UCR con la esperanza de crear opciones para romper esa alternancia perversa. Con extraordinaria tenacidad, firmeza y coherencia, Elisa &#8220;Lilita&#8221; Carrió fue la que mejor suerte tuvo en el empeño, y logro devolverle cierta dignidad al papel de &#8220;dirigente político&#8221;.</p>
<p>Necesitada de estructuras más amplias que las que ella misma había creado, para hacer frente al implacable azote del kirchnerismo se aproximó a nuevos dirigentes de su viejo partido, constituyó el ACyS, y su prestigio personal contribuyó a rescatar a la UCR de los sótanos del descrédito a los que la había arrojado la experiencia de la Alianza.</p>
<p>Sin rivales a la vista, Carrió se sintió entonces llamada a conducir ese acuerdo hacia la contienda presidencial del 2011. Mas, ay, la vida te da sorpresas. Un radical K como Julio Cobos, con sólo una balbuceante desobediencia, salta al primer plano de la consideración pública. Muere Alfonsín, y su hijo hereda toda la simpatía popular por el ex presidente.</p>
<p>La derecha radical se enamora de Cobos, los progresistas ven en &#8220;Ricardito&#8221; el regreso del líder que los hizo soñar en los albores de los 80. Sólo se trata entonces de atar a los dos en un mismo paquete para que el vago ensueño de un próximo turno presidencial comience a tomar visos de realidad. ¿Acaso el viejo partido necesita ahora a Lilita?</p>
<p>El aroma seductor del poder sacó entonces del sepulcro al fracasado estado mayor de la Alianza, y las viejas mañas del centenario partido, sumadas a las mañas nuevas que le aportó Raúl Alfonsín, salieron nuevamente a relucir en la familiar, febril tarea de aceitar el aparato, armar listas, anudar respaldos, renovar amistades. Chau Lilita.</p>
<p>Y de inmediato reverdecieron las nunca interrumpidas relaciones con sectores del peronismo, particularmente en la provincia de Buenos Aires; esas relaciones que se iniciaron con Menem, prosiguieron luego con Duhalde, y ahora unen a éste con Terragno en pos de un pacto de gobernabilidad que para Carrió no es otra cosa que un pacto de impunidad.</p>
<p>El portazo era inevitable. &#8220;No deseo, ni puedo, ni sirvo para tapar bajo la alfombra las grandes complicidades que en el proceso de destrucción de la Argentina han tenido actores concretos, tanto del peronismo como del radicalismo, como de terceras fuerzas que quedaron fagocitadas&#8221;, escribió Carrió en una carta a los otros dirigentes del ACyS.</p>
<p>&#8220;No estoy dispuesta a volver a transitar el fracaso estrepitoso de la Alianza fundado en la traición electoral, la corrupción, la impunidad y la irresponsabilidad. A Kirchner no lo va a derrotar el pasado, sino el futuro. El futuro que se expresa en la transparencia, la república, el desarrollo económico y la justicia social, y no en los viejos pactos corporativos.&#8221;</p>
<p>Y, tras denunciar sin rodeos a &#8220;los gerentes que manejaron la UCR durante años&#8221; (los capitostes del alfonsinismo que le están robando la gerencia), afirmó: &#8220;Lo que fundamos para ganar las elecciones del 28 de junio, basado en conductas, principios y programas, no puede caer en las manos de los que manejan los hilos desde atrás para que nada cambie.&#8221;</p>
<p>La carta ha sido generalmente descripta como un portazo, pero más bien es un llamado de atención, un ultimátum si se quiere, que deja a su agrupación con la última palabra. Carrió, y la Coalición Cívica, quieren ser escuchados en el ACyS a la hora de definir principios, programas y candidatos con vistas al 2011. Entienden, razonablemente, que tienen derecho.</p>
<p>Pero resulta incómodo incorporar a Carrió a esos debates, porque ella trae su propia lista de réprobos y elegidos, con quiénes sí y con quiénes no. Y el criterio de selección no se entiende muy bien: &#8220;Macri es mi límite. Duhalde es mi límite&#8221;, suele decir, sin explicar por qué pero sembrando dudas sobre esas personas. A los ojos de algunos, no parece una conducta muy republicana.</p>
<p>&#8220;Soy dura en los principios y flexible en los acuerdos&#8221;, dice Carrió en su carta. Pero, otra vez, muchos no entienden muy bien cuáles son esos principios: apoyar el matrimonio homosexual, prometer el 82 por ciento a los jubilados, y abandonar a Mauricio Macri a la furia kirchnerista les parecen posturas más oportunistas que principistas.</p>
<p>Como quiera que sea, en la respuesta de la UCR mucho va a tener que ver seguramente &#8220;Ricardito&#8221; Alfonsín, quien inicialmente se acercó a Carrió para frenar a Cobos y ahora ha quedado en la incómoda posición de tener que optar entre el &#8220;abrazo&#8221; del aparato creado por su padre o el &#8220;amor&#8221; de la intransigente líder coalicionista. Hay cariños que matan.</p>
<p>Probablemente, a &#8220;Ricardito&#8221; y a otros dirigentes radicales les resulte beneficioso un módico baño de realismo. Si no logran ofrecer al electorado una opción creíble y contundente de poder basado en la ley, como quiere Carrió, la gente se va a inclinar en el 2011 por un liderazgo fuertemente personal. Mejor otro Kirchner que otro De la Rúa.</p>
<p>Y en ese caso, bastará con que el solitario habitante de Llambí-Campbell se decida a &#8220;salir de boxes&#8221; y quebrar con una única palabra el enigmático mutismo que lo emparenta a través del tiempo con el venerado don Hipólito, para que las ilusiones radicales de un turno próximo en la alternancia se consuman de inmediato como fuego en el rastrojo.</p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
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		<title>Columnas de Perfil</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Aug 2010 17:43:04 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[René Favaloro]]></category>

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		<description><![CDATA[Dos columnas sobre el suicidio de René Favaloro publicadas en medios de la editorial Perfil hablan menos del médico que de una manera de hacer periodismo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1508" title="favadona" src="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/favadona.jpg" alt="" width="450" height="125" /><br />
Uno ve juntas en la contratapa de <em>Perfil</em> las fotos de Favaloro y Maradona (Diego, el futbolista, no Esteban Laureano, el médico) y percibe de inmediato que algo no anda bien; sube la mirada al título, <a href="http://www.perfil.com/contenidos/2010/07/31/noticia_0020.html" target="_blank">&#8220;Vidas disímiles, la misma demagogia&#8221;</a>, y la sensación se vuelve más definida; lee la nota, firmada por Jorge Fontevecchia, y confirma la presunción. Por partida doble.</p>
<p>Fontevecchia es el presidente de la Editorial Perfil, director del periódico finisemanal del mismo nombre, y columnista consuetudinario y entrevistador estrella de esta publicación. Entre otras cosas, el artículo que comentamos endosa y recomienda una nota de Gustavo González, aparecida ese mismo fin de semana en la revista <em>Noticias</em>, otra publicación de la editorial.</p>
<p>La nota de González (Gustavo) se titula <a href="http://www.perfil.com/contenidos/2010/07/31/noticia_0013.html" target="_blank">&#8220;Favaloro no es un héroe&#8221;</a>, y acompaña una producción especial sobre los últimos días del médico en la Fundación que lleva su nombre. Los dos artículos, el del director de <em>Perfil</em> y el del director de <em>Noticias</em>, guardan correspondencia entre sí, y hablan menos de Favaloro que de una manera de ejercer el periodismo.<span id="more-1505"></span></p>
<p>Si el lector quiere acompañarme, voy a tratar de seguir la línea argumental de ambas columnas en un intento de comprender de qué manera sus autores fundamentan e hilvanan sus afirmaciones, y de qué modo llegan a las conclusiones que llegan. Voy a tratar en esta recorrida de no abrir juicio, sino de darle al lector los elementos para que se forme el suyo.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>La contratapa de Fontevecchia comienza contando un cuento sobre cucarachas y palomas, del que el articulista extrae la siguiente conclusión: &#8220;Quienes hacemos periodismo sabemos que ni todas las ‘cucarachas’ son tan malas, ni todas las ‘palomas’ son tan buenas&#8221;. En otras palabras, que nadie es absolutamente bueno ni absolutamente malo.</p>
<p>Ahora, ¿esto lo sabemos quienes hacemos periodismo? Más o menos seis mil años de cultura universal han reflejado, en el arte, el pensamiento o la religión, esos matices del alma humana. La invención de personajes absolutamente buenos o absolutamente malos es propia de las malas novelas, las malas películas, o la política exterior estadounidense.</p>
<p>Se refiere enseguida a Maradona (el futbolista) y dice que los periodistas deportivos y el mundo del fútbol en general parecieron primero querer y apoyar su continuidad al frente de la selección, pero rápidamente mudaron de lado cuando advirtieron que el humor ambiente iba en otra dirección. Sólo entonces salieron a relucir comportamientos discutibles del DT en Sudáfrica.</p>
<p>&#8220;La misma hipocresía&#8221;, dice Fontevecchia, &#8220;tiene la sociedad frente al suicidio de Favaloro&#8221;. Bueno, bueno. Para el articulista, el mal desempeño de Maradona y el suicidio de Favaloro son cosas comparables; si bien no intrínsecamente comparables, al menos comparables en la respuesta que provocan en la sociedad. Respuesta que describe como &#8220;hipócrita&#8221;.</p>
<p>Ahora bien, &#8216;hipocresía&#8217;, según cualquier diccionario, significa fingir cualidades o sentimientos que no se tienen. Y aquí ya no se entiende de qué está hablando el columnista. La sociedad sería hipócrita respecto del suicidio de Favaloro si fingiera un dolor, o una admiración, que no siente, pero no hay manera de aplicar &#8220;la misma hipocresía&#8221; en el caso de Maradona.</p>
<p>En el título de la nota, Fontevecchia habla de &#8220;la misma demagogia&#8221; y tal vez se confundió al redactar el artículo. Pero si en el texto cambiamos hipocresía por demagogia (conseguir con halagos el favor popular), nos encontramos con una sociedad demagógica, algo que no tiene sentido. Una sociedad puede ser objeto de demagogia, pero no sujeto.</p>
<p>Es evidente que el periodista cree que hay algo común (y negativo) en la actitud de la sociedad frente al mal desempeño de Maradona y al suicidio de Favaloro, pero no encuentra la palabra para definirlo. Suele suceder que cuando alguien, especialmente un articulista experimentado, no encuentra la palabra para decir algo es porque en realidad no sabe lo que quiere decir.</p>
<p>No es extraño que Fontevecchia se encuentre en este aprieto, porque su afirmación carece de sustento. ¿Cómo sabe cuál es la actitud social ante esos dos casos? No nos lo dice, no cita encuestas, no aporta testimonio alguno. Habrá que creerle porque es el director del diario. (&#8220;Quienes hacemos periodismo sabemos&#8230;&#8221;). Pero sigamos leyendo.</p>
<p>&#8220;De Favaloro no tendría que hacer falta decir que fue ejemplo, leyenda, eminencia o héroe mundial de la medicina, para poder atreverse a criticar su decisión de suicidarse&#8221;, dice el columnista, abriendo otra cadena de equívocos. Dejemos de lado esas exigencias imaginarias para detenernos en la parte final de la frase: &#8220;criticar su decisión de suicidarse&#8221;.</p>
<p>Aquí el rumbo de la nota cambia radicalmente: ya no se trata de calificar negativamente la actitud de la sociedad frente al suicidio de Favaloro sino de enjuiciar el acto mismo del suicidio. El articulista no habla de explicar o comprender, sino de criticar. Como si el acto de quitarse la vida pudiese ser bueno o malo.</p>
<p>La editorial Perfil, que encabeza Fontevecchia, dicta una amplia gama de cursos sobre periodismo. Sería interesante saber en cuál de ellos se imparte la noción de que es función del periodismo criticar las acciones privadas de los hombres, especialmente una tan personal, tan íntima, tan drástica como el suicidio.</p>
<p>Tratándose de una personalidad pública, como es el caso de Favaloro, sí es función del periodismo allegar elementos de juicio, interpretaciones calificadas, y cualquier otro aporte que ayude a explicar una decisión íntima y personal pero que tiene impacto público. Ahora bien, una cosa es explicar y otra juzgar.</p>
<p>Se objetará que Fontevecchia pudo no haber usado la palabra &#8220;criticar&#8221; en el sentido de &#8220;juzgar&#8221; sino en el sentido de &#8220;analizar&#8221; (crisis significa ruptura, y criticar equivale a desmenuzar). Pero no olvidemos que su columna comenzó con una historia sobre cucarachas &#8220;malas&#8221; y palomas &#8220;buenas&#8221;, lo que orienta la interpretación del artículo en la dirección del juzgamiento.</p>
<p>El propio autor subraya esa dirección cuando concluye que aun sabiendo toda la corrupción del sistema de salud, y las dificultades económicas por las que atravesaba la fundación cuando Favaloro tomó su determinación, deberíamos reconocer que &#8220;su estabilidad emocional era muy frágil en sus últimos años, y él mismo, en parte, también fue responsable de lo que le sucedía&#8221;.</p>
<p>En pocas palabras, Fontevecchia dice que Favaloro fue un hombre común, con sus virtudes y defectos, y que su suicidio no puede ser atribuido exclusivamente a la hostilidad o indiferencia que percibía en la sociedad a la que había servido, sino también a las consecuencias de sus propios actos y a ciertas debilidades o fracturas de su carácter.</p>
<p>O sea que, como las palomas del cuento, Favaloro tiene buena imagen pero no es <em>tan</em> bueno. Si pese a ello la sociedad lo coloca en el lugar de los mejores, implica el articulista, es porque tiene la mala costumbre de construir ídolos, a los que convierte en personajes absolutamente buenos mediante el sencillo expediente de exaltar sus virtudes y ocultar sus defectos.</p>
<p>Maradona y Favaloro, nos dice Fontevecchia, son dos de esos ídolos creados por nosotros. Y muy bien haríamos en aceptar también su lado flaco, si no queremos ver nuestra conciencia reducida al nivel de una cultura totémica (sic). El problema es que nunca llega a demostrar de manera alguna que la sociedad no reconozca las debilidades de aquellos a quienes admira.</p>
<p>Siguiendo el estilo de su casa editorial, cuando el razonamiento renguea hay que apoyarlo en la muleta de alguna autoridad, y en este caso Fontevecchia recurre a Umberto Eco: &#8220;Sabiduría no es destruir ídolos, sino no crearlos nunca&#8221;. Como aparentemente ya los hemos creado, no queda más remedio que empuñar la piqueta. De eso se encargará el director de <em>Noticias</em>.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Vayamos entonces a la otra nota, escrita por González (Gustavo) y recomendada por Fontevecchia. Tras un par de párrafos insignificantes, rápidamente entra en la materia que le interesa: demostrar, según anticipa en el título, que &#8220;Favaloro no es un héroe&#8221;, demostración tal vez innecesaria porque no se conoce que alguien haya afirmado tal cosa. Pero veamos.</p>
<p>Favaloro, asevera González con impertérrita desenvoltura, &#8220;fue un hombre que no pudo, no supo, resolver los conflictos que lo rodeaban&#8221;. En todo caso no pudo hacerlo en un momento de extremo desasosiego, en el tramo final de su vida, abrumado por el destrato de quienes lo rodeaban, una compleja relación afectiva, y el desbarranco financiero de su fundación.</p>
<p>Pero por lo menos reconozcámosle que, a lo largo de sus años, pudo resolver algunos asuntos no menores en el campo de la cardiología, en la creación y desarrollo de un centro médico de excelencia, en la formación de profesionales, en la puesta en práctica, contra la corriente, de una medicina más orientada al paciente que al negocio. Por lo menos eso.</p>
<p>Como si advirtiera que se le fue la mano, el articulista enseguida matiza: &#8220;Al menos no pudo resolverlos de la forma en que intentan resolverlos todos: luchando en vida, gozando con esa vida y con la compañía de otros que luchan igual&#8221;. Pero, ¿acaso <em>todos</em> intentan <em>siempre </em>resolver los conflictos luchando, gozando, y en amable camaradería?</p>
<p>Eso es lo que afirma González, como su jefe sin citar fuentes, ni informarnos siquiera de dónde queda esa tierra mitológica de vitales luchadores. En este valle de lágrimas, al menos, hay quienes no intentan resolver nada, y hay quienes intentan, y a veces fracasan y a veces tienen éxito. A veces en compañía, y las más de las veces solos. A veces gozando, y las más sufriendo.</p>
<p>Y como su jefe, el columnista cambia de rumbo en medio de la nota. &#8220;El cuestionamiento&#8221;, dice ahora, &#8220;no es hacia la decisión de un individuo, sino a quienes interpretan una huida como un acto de valentía. En una suerte de permanente regodeo nacional por la derrota, de exaltación épica por aquellos que fracasan intentando resolver conflictos&#8221;.</p>
<p>Y también como su jefe, González dispara estas afirmaciones sin respaldo alguno, sin testimonios, sin una única cita de alguien que haya elogiado a Favaloro por su suicidio, que lo haya ensalzado por su fracaso final. Le parece innecesario, tal vez supone que debemos aceptarlo porque él lo dice. &#8220;Quienes hacemos periodismo sabemos…&#8221;. Sí, ya sabemos.</p>
<p>Pero en el párrafo siguiente muta otra vez la interpretación: ahora ya no es el culto del fracaso lo que enaltece a Favaloro a los ojos de la sociedad sino el carácter supuestamente altruista de su suicidio. El autor no nos dice cómo sabe que eso es así, ni qué le hizo cambiar el argumento, pero cita unos conceptos del sociólogo Emilio Durkheim, llamado en urgente socorro.</p>
<p>&#8220;Muestra mucho de esta sociedad haberlo convertido en mártir. Y lo que muestra no es bueno&#8221;, concluye González (Gustavo). Pero no considera necesario explicar qué es lo mucho que muestra, ni por qué no es bueno. Lo deja abierto a la imaginación del lector, y si al lector esa frase enigmática no le dice nada, como es mi caso, peor para él. Curioso periodismo.</p>
<p>En resumidas cuentas, de boca de los directores de las dos principales publicaciones de la editorial Perfil, nos enteramos de que Favaloro no fue un ídolo, ni un héroe, ni un mártir. Nunca se nos había ocurrido pensar eso, pero estos dos destacados periodistas aseguran que sí, que como sociedad tenemos una perversa tendencia a construir esos arquetipos.</p>
<p>Y que por esa perversión social nos negamos a admitir que Favaloro era un hombre común y corriente, con sus grandezas y con sus miserias, y debilidades de carácter que en buena medida precipitaron su suicidio. Si alguien se siente tentado a elevarlo por encima del común, a reconocerlo como uno de los mejores entre los nuestros, probablemente padezca de ese mal social.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Uno tiene la sensación de que muchos periodistas (y muchos políticos) se inclinan a creer que la realidad es como aparece en los medios, donde Maradona convive con Favaloro, y ambos aparecen rodeados por Ricardo Fort y Larissa Riquelme, Elisa Carrió y Ciro James. Por eso imaginan que la sociedad los considera a todos en términos similares.</p>
<p>Del mismo modo, suponen que la sociedad ve el mundo como lo muestran los medios, y, como por obligación profesional leen todo lo que se publica, entienden que eso les permite tomarle el pulso de manera bastante acertada al humor social. De manera que se sienten autorizados a extraer conclusiones de esas auscultaciones de segunda mano.</p>
<p>El director de <em>Perfil</em> afirma que &#8220;el periodismo es también la caja de resonancia [de la sociedad] y no sólo quien la hace vibrar&#8221;. González (Gustavo) aporta el dato de que en una invitación periodística a enumerar los &#8220;próceres&#8221; del siglo XX, la gente incluyó a Favaloro. Parece evidente que estos dos columnistas construyen su idea de la realidad a partir de lo que ocurre en los medios.</p>
<p>Fontevecchia parece reivindicar además un modo de conocimiento propio del ejercicio de la profesión: &#8220;Quienes hacemos periodismo sabemos…&#8221;. Si se trata del mitológico &#8220;olfato&#8221; periodístico, solicito licencia para usar el mío. Y mi olfato me dice que la sociedad reserva compartimentos perfectamente diferenciados para Maradona y para Favaloro.</p>
<p>La sociedad, según mi nariz, le reconoce a cada uno los valores que los han convertido en compatriotas destacados, pero sabe distinguir las proporciones y las diferencias que existen entre los aportes de uno y de otro. No los mezcla, como hacen los medios, en la misma página, o en el mismo segmento de un programa de radio o televisión.</p>
<p>Y guarda por ellos un afecto que no se empaña, sino que al contrario se hace más profundo, cuando conoce sus debilidades, sus caídas, sus renuncias. Las de Maradona son de dominio público, las de Favaloro vienen conociéndose desde hace años a partir de cartas, relatos e investigaciones periodísticas como las que publicó <em>Noticias </em>en el número comentado.</p>
<p>Ese afecto, en el caso de Maradona, no impidió que la gran mayoría de los aficionados al fútbol desaprobara de entrada su nombramiento como director técnico, que su selección no despertara el mayor interés durante la etapa de preclasificación, y que su mal desempeño en Sudáfrica se tradujera en un mayoritario rechazo a su continuidad en el cargo. ¿Esto es idolatría?</p>
<p>Y en el caso de Favaloro, todas las revelaciones sobre su inestabilidad emocional, los malos tratos de sus colegas en la Fundación, su enamoramiento de una muchacha a la que llevaba cuarenta años, no han mellado la <em>lectura política</em> que la sociedad hizo de su suicidio, y esto tampoco es un signo de idolatría. Es signo de que la gente intuye una verdad más profunda.</p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
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		<title>Imagen con fantasma</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 22:30:13 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Sociedad Rural Argentina]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando el principal y más eficiente sector económico del país ofrece por sí solo poner fin a la pobreza y la exclusión, un gobierno sensato debería escuchar.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/sra.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1490" title="sra" src="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/sra.jpg" alt="" width="450" height="123" /></a></p>
<p>El discurso con el que el presidente de la Sociedad Rural Hugo Biolcati inauguró la tradicional muestra anual del campo argentino despertó las iras del oficialismo, que recurrió de urgencia a sus plumas más habilidosas y a sus espadas más afiladas para atacarlo desde todos los flancos.</p>
<p>Las razones de esas iras no son claras. El mensaje fustigó al gobierno, es cierto, pero lo hizo con cuidadosa moderación y mayormente en cuestiones relacionadas con la actividad agropecuaria. Hizo un crudo diagnóstico de la situación del país, especialmente en lo social, pero no cargó las culpas particularmente sobre la actual gestión.</p>
<p>Con firmeza, el orador proclamó el compromiso de las entidades rurales con las instituciones republicanas y con una sociedad sin exclusiones, con el diálogo y el entendimiento. Pero, claro, la Sociedad Rural carga con el fantasma de una historia más bien reñida con esas preocupaciones, y el oficialismo optó por cargar contra el fantasma.<span id="more-1489"></span></p>
<p>En efecto, es mucho más sencillo embestir contra el espectro de la oligarquía ganadera que digerir la contundencia del cuadro social trazado por Biolcati. En la Argentina de hoy, dijo, una de cada tres familias esta excluida, marginada de los parámetros básicos económicos y sociales.</p>
<p>&#8220;El 36% de los hogares no tiene cloacas, el 27% habita en zonas inundables, el 11% no tiene un baño con descarga de agua, el 12% sufre hacinamiento, el 16% está en riesgo alimentario, el 22% sufre de exclusión laboral severa, y el 27% no tiene un proyecto de vida más allá del día a día&#8221;, agregó.</p>
<p>El orador recordó que en su primer centenario la Argentina era el granero del mundo y una de las naciones más prósperas del planeta, y observó que hoy &#8220;somos un país vapuleado por la corrupción, la imprevisión, la exclusión y la pobreza&#8221;. Y de inmediato enumeró las causas que, a su juicio, condujeron a este estado de cosas:</p>
<p>&#8220;Desde la segunda mitad del siglo XX, las disputas, los condicionamientos externos, los seis golpes de estado que reemplazaron gobiernos constitucionales por dictaduras, el obsceno endeudamiento público, algunas desatinadas privatizaciones y algunas malintencionadas nacionalizaciones destruyeron lo construido hasta ese momento&#8221;.</p>
<p>Así, cientos de miles de familias quedaron hacinadas en bolsones de sometimiento. &#8220;Esclavos de territorios electorales que conforman el feudo de una &#8216;federación&#8217; de gobernantes, intendentes, caudillos y punteros políticos que se hacen fuertes y poderosos a medida que los pobres son cada vez más pobres y dependientes de sus favores&#8221;, dijo.</p>
<p>&#8220;En estos 200 años aprendimos que queremos vivir en democracia y sostener sus instituciones&#8221;, insistió Biolcati, como si percibiera la necesidad de aventar una y otra vez el fantasma de golpismo oligárquico asociado históricamente a la entidad que preside desde que sucedió a Luciano Miguens.</p>
<p>&#8220;Debemos dotar a esta democracia de la plena vigencia de sus instituciones para que la Argentina sea auténticamente representativa y federal. Una República de verdad donde el poder legislativo no delegue su poder y ejerza las atribuciones que la Constitución le ha asignado como un deber ineludible&#8221;, agregó.</p>
<p>&#8220;Un federalismo real, donde los gobernadores no tengan que ponerse de rodillas frente a la todopoderosa autoridad central y mendigar algo de la riqueza que ha generado el trabajo de los hombres de su provincia&#8221;, dijo también el presidente de la Sociedad Rural, y sentenció: &#8220;Hoy no tenemos esa Nación&#8221;.</p>
<p>Resulta difícil no coincidir con estas aspiraciones, como también resulta difícil interpretar, como hicieron todos los voceros oficiales y oficiosos, que las críticas que encierran van dirigidas exclusivamente al actual gobierno. Los enumerados por Biolcati son viejos pecados de la vida política argentina, pecados que más bien se remontan al infausto 1930.</p>
<p>El orador cargó sí contra el gobierno al referirse a la política agropecuaria: &#8220;¡Qué poco saben del campo esos funcionarios! ¡Qué poco lo conocen! ¡Habría que pedirles que averigüen cómo hace el campo para producir alimentos para más de 300 millones de personas!</p>
<p>&#8220;Que lo recorran a pie y vean esa gigantesca fábrica sin techo que trabaja sin cesar. Que no insistan con políticas equivocadas&#8230; ¿Todavía no se dieron cuenta que con esas políticas tuvimos la peor cosecha de trigo del último siglo, no pudimos cumplir la cuota Hilton, y falta carne en la Argentina?&#8221;</p>
<p>Biolcati, entrando de lleno en el reclamo y la propuesta sectorial, propuso impulsar un proyecto agroindustrial capaz de convertir a la Argentina en el principal proveedor de alimentos del mundo. &#8220;Ese será el fin de la pobreza y la exclusión, la posibilidad de bienestar y trabajo para millones de argentinos&#8221;, dijo.</p>
<p>&#8220;No queremos un país que deposite cada vez más pobres y desocupados en las villas miserias del conurbano de esta gran ciudad. Tampoco queremos un desierto verde de soja que produzca riqueza para pocos. Queremos agricultura con agricultores, trabajadores arraigados a su tierra, a su pueblo&#8221;.</p>
<p>Cuando un factor de poder como la Sociedad Rural, que la historia asocia con mayor o menor justicia a los movimientos golpistas del pasado, hace esta profesión de fe democrática, cuando el principal y más eficiente sector económico del país ofrece por sí solo poner fin a la pobreza y la exclusión, un gobierno sensato debería escuchar.</p>
<p>Pero no hubo representantes del gobierno en el acto de la Rural. El ministro de justicia Aníbal Fernández describió a Biolcati como &#8220;un pobre hombre con plata&#8221; y calificó su discurso de &#8220;espantoso&#8221;; el de Agricultura, Julián Domínguez, en una sorprendente mezcolanza del rito católico, afirmó que había sido como &#8220;escuchar a Satanás celebrando la Misa de Gallo en Jueves Santo&#8221;.</p>
<p>Al oficialismo le dolió ver a su héroe corrido por izquierda desde el lugar más improbable, sin advertir que fue el mismo gobierno con su tozuda impericia el que dejó libre ese espacio, regaló los argumentos.  Y no sólo a la Sociedad Rural, sino a cualquiera, en cualquier segmento del arco político, con una mínima cuota de sentido común. Kirchner lo hizo.</p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
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		<title>Macri en el país de los enanos</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Jul 2010 01:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Duhalde]]></category>
		<category><![CDATA[Elisa Carrió]]></category>
		<category><![CDATA[Juicio político]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>
		<category><![CDATA[Néstor Kirchner]]></category>

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		<description><![CDATA[La decisión de Mauricio Macri de pedir su propio juicio político agiganta su figura frente a la pequeñez mezquina evidenciada por el resto de la dirigencia opositora.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1464" title="Gulliver" src="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/Gulliver.jpg" alt="" width="450" height="126" /></p>
<p>Lo que no mata, fortalece. Si el juicio político al que voluntariamente pidió someterse Mauricio Macri lo encuentra culpable de haber organizado un grupo de espionaje dentro de su gobierno, su carrera pública estará terminada; si resulta absuelto de esos cargos, sus ambiciones presidenciales habrán recibido un formidable y oportuno espaldarazo.</p>
<p>La decisión del jefe de gobierno porteño, pese a lo que argumentan sus enemigos, no está exenta de riesgos y representa una movida audaz frente al acoso implacable del kirchnerismo y la mezquina complicidad del resto de la oposición. Cierto es que a este político bisoño, por sus propios errores, no le quedaban muchas opciones disponibles.</p>
<p>La opinión pública gusta de los arrestos heroicos, tanto como deplora la pequeñez especulativa de los dirigentes políticos que debieron haber denunciado con toda claridad la endeble causa armada contra el líder del PRO. La imagen de Macri se agigantó por comparación, como la de Gulliver en Liliput. Pero todo es relativo. Y esa talla magnífica no luce en el país de los gigantes.<span id="more-1463"></span></p>
<p>La causa judicial armada contra Macri no se sostiene ni en su argumentación ni en las pruebas que deberían soportarla. Fue concebida en la SIDE, dependencia del gobierno nacional, y nació en el juzgado de Norberto Oyarbide, protegido y protector de los Kirchner. Un Consejo de la Magistratura independiente debería explicar por qué los tres jueces de cámara la respaldaron.</p>
<p>Fue este fallo de segunda instancia el que descolocó a Macri, confiado en que los tres jueces no iban a dejar de advertir lo que era evidente aun para el estudiante de derecho menos aventajado. En un primer momento imaginó una nueva apelación, pero pronto se dio cuenta que eso equivalía a dejar que Oyarbide le manejara la cronología en las vísperas electorales del 2011.</p>
<p>Los dirigentes no kirchneristas ajenos al PRO comenzaron a relamerse con las penurias de un importante competidor electoral, y ahí nomás se olvidaron de la &#8220;capacidad de daño&#8221; de Néstor Kirchner y de la defensa de la institucionalidad, para dedicarse sin el menor rubor a brindar su respaldo a los caprichosos razonamientos de Oyarbide, ahora en boca de la cámara.</p>
<p>No hablemos ya de muertos políticos como Aníbal Ibarra, ni de aventureros como Gabriela Cerruti. El público recibió azorado los avales a una causa insostenible procedentes de figuras de la Unión Cívica Radical, la Coalición Cívica, y de todo el espectro izquierdista. En el Peronismo Federal el único claro fue Eduardo Duhalde: &#8220;Las escuchas son una obra maestra de la SIDE&#8221;.</p>
<p>Ante este panorama, Macri tomó la ofensiva: descartó apelar el fallo de cámara y reclamó avanzar cuanto antes hacia el juicio oral, rechazó la idea (tramposa) de crear una comisión investigadora en la legislatura de Buenos Aires, planteada por la oposición, y pidió directamente ser sometido a juicio político. Esperaba una respuesta para el 12 de agosto.</p>
<p>Esa decisión de ir de frente y de poner en juego su honor personal y su futuro político lo mostró muy seguro de su inocencia, dotado de una dosis no menor de coraje, y capaz de dar vuelta una situación adversa cuando el momento lo exige. Su figura creció en la consideración pública, por sí, y por el empequeñecimiento de los otros dirigentes, que no estuvieron a la altura del caso.</p>
<p>El episodio desconcertó a una ciudadanía que empieza a hacer el cribaje de candidatos para derrotar al kirchnerismo y devolverle al país cierto grado de normalidad, institucionalidad y cultura política. Quienes hoy ocupan el primer plano de la escena política exhibieron una irritante falta de altura, en especial Elisa Carrió, de quien no se esperan estos renuncios.</p>
<p>En el país de los dirigentes enanos, Mauricio Macri parece circunstancialmente un gigante. Pero al igual que Gulliver, debe saber que su talla sobresale por comparación, y que el mundo no es un uniforme Liliput. También existe Brobdingnag, la tierra habitada por gigantes, donde la misma estatura se vuelve un insignificante objeto de curiosidad y entretenimiento.</p>
<p>La Argentina tiene también su zona de gigantes, pero no está poblada por los rivales políticos de Macri, sino por los problemas que plantea este país a quien aspire a gobernarlo, asuntos todos de talla superior a la media. Su trabajo al frente de la ciudad no lo ha mostrado todavía a la altura de ellos, y su predicamento actual resulta entre otras cosas de su falta de experiencia.</p>
<p>Una corta trayectoria en la gestión (entorpecida por el hostigamiento permanente del gobierno nacional), una escasa malicia política, son sólo dos carencias de Macri. Tampoco tiene un partido propio como para lanzarse a una elección nacional. Si se decide a hacerlo, sólo podrá encontrar apoyos en el Peronismo Federal, cuya cabeza, Duhalde, fue quien mejor lo trató en estos días.</p>
<p>Estas no son buenas noticias para el país. Macri es el único dirigente entre los que hoy aparecen como presidenciables al que no se puede adscribir al espacio progresista-populista que ha desgobernado este país desde el regreso de la democracia. Si Macri llegara a la presidencia con el apoyo de los peronistas, ¿quién habrá de condicionar políticamente a quién?</p>
<p>Tal vez sería conveniente, para el país y para Macri también, que éste completara un nuevo turno al frente del gobierno de la ciudad (probablemente más exitoso si lo acompaña un gobierno nacional menos hostil), afianzara su experiencia administrativa, y se dedicara al mismo tiempo a ampliar la estructura del PRO. Pero pedirle eso a un político, aun novato, es pedir mucho.</p>
<p>Y una salida exitosa de la trampa que le tendió el kirchnerismo, con un buen manejo de la oportunidad, lo dejará en propicias condiciones para aspirar a la presidencia en el 2011. Kirchner posee una especie de piedra filosofal, que convierte en oro político a todo a quien se la arroja: pasó con la mesa de enlace, con Julio Cobos, con Martín Redrado, ahora con Macri.</p>
<p>Se dice que la resuelta actitud del jefe de gobierno porteño descolocó al kirchnerismo. Si todo le sale mal al oficialismo, y todo le sale bien a Macri, Néstor Kirchner bien puede encontrar en las elecciones del 2011 a su más opuesto rival encabezando la boleta de la amplia franja del peronismo que no le es adicta. Si bien lo mira, tal vez no sea para él la peor de las opciones.</p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
<div class="important-blue"><span class="important-title-blue">Notas relacionadas</span><a href="http://gauchomalo.com.ar/?p=735 " target="_blank">El enigma</a>.</div>
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		<title>Vejación</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jul 2010 00:58:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Progresismo]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Clarín]]></category>
		<category><![CDATA[Código Civil]]></category>
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		<category><![CDATA[Matrimonio]]></category>
		<category><![CDATA[Matrimonio homosexual]]></category>
		<category><![CDATA[Registro Civil]]></category>

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		<description><![CDATA[La equiparación legal de las uniones homosexuales y heterosexuales es un despropósito institucional y un mamarracho jurídico.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1456" title="Vejación" src="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/penino.jpg" alt="" width="450" height="129" /></p>
<p>La aprobación de la ley que hace extensiva a los homosexuales la opción de unirse en matrimonio civil con los mismos derechos y obligaciones de los heterosexuales es un despropósito institucional y un mamarracho jurídico impuesto a la sociedad por una legislatura oportunista, carente de convicciones, y olvidada de su condición de representante política.</p>
<p>El oficialismo volcó todo su peso detrás de un proyecto que semanas atrás no le interesaba, y apeló a las conocidas presiones, mañas y triquiñuelas para bloquear alternativas, torcer voluntades y conseguir llamativas ausencias a la hora de votar. Enredada en su habitual confusión ideológica, la oposición &#8211;radicalismo, socialismo, Coalición Cívica&#8211; hizo y dejó hacer.</p>
<p>A través de esos actores, una minoría activa, vocinglera y organizada, respaldada por una constelación de medios de comunicación afiliados al progresismo, prevaleció sobre la mayoría silenciosa del país. El enorme pene inflable agitado por esa minoría frente al Congreso resumió perfectamente la ética y la estética de lo que ocurría adentro: una vejación de la ciudadanía.<span id="more-1455"></span></p>
<p>Lo ocurrido con esta ley es muy similar a lo que ya se ha visto con el tratamiento de la ley de medios. Tanto la unión de personas del mismo sexo como el empleo del espectro radioeléctrico son asuntos que demandaban desde hacía mucho tiempo un marco legal y regulatorio adecuado. El gobierno manipuló esas necesidades para librar sus pequeñas batallas.</p>
<p>En un caso lo hizo contra el grupo Clarín, en el otro contra la Iglesia Católica, y por razones parecidas: no le gusta que desde el papel o el púlpito se refute la rosada visión oficial sobre la situación del país. Al kirchnerismo no le importan ni los medios ni los homosexuales, impulsó uno y otro proyecto con el único propósito de causar daño a sus circunstanciales enemigos.</p>
<p>Y lo logró. Y así como a Clarín lo atacó desde múltiples frentes &#8211;el fútbol, el cable, el papel&#8211;, la Iglesia debe prepararse para hacer frente a nuevas acometidas, probablemente relacionadas con subsidios, personería jurídica, y otros beneficios apoyados en el artículo segundo de la Constitución. ¿Seguirá algún obispo los pasos de Héctor Magneto hacia Olivos?</p>
<p>El gobierno operó con suma habilidad al presentar a la Iglesia como el gran antagonista en el debate sobre el matrimonio homosexual. Es cierto que no le costó mucho, porque ninguna institución significativa de la sociedad civil, especialmente los partidos políticos, se hizo cargo de la defensa del matrimonio heterosexual como institución civil.</p>
<p>Pocos legisladores, si alguno, se acordaron de las razones que llevaron a los organizadores de nuestra nación a establecer el Registro Civil y el Matrimonio Civil, tareas que anteriormente estaban en manos de la Iglesia. Ni demostraron tener en claro por qué motivos un estado decide tomarse el trabajo de proteger y regular la familia tradicional, esto es heterosexual.</p>
<p>Por esa razón, buena parte del debate legislativo giró en torno de conceptos emanados de cualquiera de las religiones monoteístas, o bien de una vaga referencia a lo que es natural y lo que no lo es. Y no pocos cambiaron de opinión en medio del trámite. Ninguno de nuestros dirigentes, o de nuestros representantes, parece tener en claro en qué clase de país quiere vivir.</p>
<p>Y tampoco parece importarle gran cosa en qué clase de país quiere vivir la gente que les ha confiado su representación y que les paga el sueldo para que legislen. El presidente del radicalismo, que dio su voto favorable al proyecto, admitió que lo hacía en representación de una minoría de su provincia, cuya población se había expresado mayoritariamente en contra.</p>
<p>Dado que ninguno de los partidos políticos tenía este tema en su agenda ni en su plataforma, los legisladores debieron haber auscultado con más atención y respeto la opinión de sus mandantes. Pero prefirieron dejarse guiar por los criterios y consignas que se ventilan en los medios de la capital federal. Tal vez sea hora de mudar el gobierno a Viedma.</p>
<p>O quizás a Paraná. Tanto este asunto como hace un par de años el conflicto del campo mostraron un país dividido en dos grandes áreas culturales: por un lado el interior &#8211;el territorio de la antigua Confederación Argentina&#8211;, por otro lado Buenos Aires, capital y aledaños. Rosario y su zona de influencia complican ahora la continuidad geográfica de esa traza.</p>
<p>La confusión ideológica y la sordera social de los legisladores de todos los partidos han posibilitado en el caso que comentamos un precedente peligroso: una minoría decidida, con respaldo mediático, ha logrado imponer sus criterios por sobre los de la mayoría del país. Una cosa es respetar a las minorías, y otra cosa es permitirles fijarle las pautas a las mayorías.</p>
<p>El resultado entonces del oportunismo del gobierno, más la confusión vacilante de la oposición, más el activismo de una minoría es el despropósito institucional y el mamarracho jurídico que el Congreso acaba de entregar al país para regular las uniones entre las personas, únicamente enderezado a satisfacer las pretensiones de un grupo reducido de la sociedad.</p>
<p>Es un despropósito institucional porque desvaloriza innecesariamente la familia tradicional y procreativa, cuando bien se pudo haber dado protección legal a las parejas homosexuales mediante un instituto como la unión civil (que habría tenido el beneficio adicional de poder aplicarse a otras situaciones donde la sexualidad de los protagonistas no está en juego).</p>
<p>Y es un mamarracho jurídico en primer lugar porque nada bueno puede esperarse de una ley que iguala lo que es intrínsecamente distinto, y en segundo lugar porque comporta una vasta gama de cuestiones que el país no ha reglamentado todavía, y que debieron haberse resuelto con anterioridad. Cuestiones relacionadas con la filiación, la fertilización, etc.</p>
<p>Aparte de contrariar los tratados internacionales incorporados a la Constitución nacional, las modificaciones al Código Civil aprobadas con esta ley por el Congreso discriminan en varios puntos en contra de las parejas heterosexuales, por ejemplo en el caso de la tenencia de los hijos menores de cinco años en la eventualidad de una separación de sus padres.</p>
<p>La enorme mayoría de los argentinos que vive en el interior del país, y buena parte de los que habitan en la capital federal y otras grandes ciudades tienen sobrados motivos para sentirse vejados con la sanción de esta ley, por las citadas minorías, por sus representantes legislativos, por el gobierno nacional al que le dieron su respaldo en las urnas.</p>
<p>En el panradicalismo se habla de dar otra vuelta de tuerca: eliminar la denominación de matrimonio para todo lo que se asiente en el Registro Civil, y reservar ese concepto al ámbito religioso. Las personas que se identifiquen con la noción tradicional de matrimonio optarán entonces por volver a celebrar sus bodas en la iglesia, el templo, la mezquita o la sinagoga.</p>
<p>Y las personas que adviertan, como se señaló durante el debate en el Senado, que a sus hijos se les imparte en la escuela pública la noción de que su sexualidad es una cuestión de gustos, volverán corriendo a confiar sus párvulos a las aulas confesionales. Con lo que nuestros extraviados dirigentes nos habrán hecho retroceder más de un siglo.</p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
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		<title>Emociones fuertes</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Jul 2010 21:33:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[ANSES]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Armando Maradona]]></category>
		<category><![CDATA[Frente para la Victoria]]></category>
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		<category><![CDATA[Matrimonio homosexual]]></category>
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		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>

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		<description><![CDATA[Gobierno y oposición manipulan las emociones populares con la intención de llevar agua para su molino, mientras libran en segundo plano una guerra sorda.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/llegada.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1435" title="llegada" src="http://gauchomalo.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/llegada.jpg" alt="" width="450" height="139" /></a></p>
<p>Vivimos un momento altamente emotivo. Se agitan las emociones sociales en torno del desempeño de la selección de fútbol y la suerte de su entrenador; se agitan las emociones a propósito de la remuneración de los maltrechos jubilados; se agitan las emociones respecto del marco legal que se quiere dar a la unión entre personas del mismo sexo.</p>
<p>Los momentos socialmente emotivos hacen la delicia de los dirigentes políticos sin ideas ni liderazgo porque les brindan la oportunidad de manipular esas emociones en su favor y obtener apoyos y solidaridades que de otro modo les costaría mucho conseguir. Tendrían que proponer alguna idea original y después movilizar la voluntad de la gente detrás de esa idea.</p>
<p>Las emociones públicas les dan el plato servido, y prácticamente no les imponen costo alguno ni les exigen esfuerzos de ninguna especie. La energía ya está allí, en la calle, y todo lo que tienen que hacer es capturarla y dirigirla hacia sus personas o sus parcialidades políticas. En otras palabras, llevar agua que corre sola para hacer andar las ruedas de su molino.<span id="more-1434"></span></p>
<p>La copa mundial de fútbol marcó un momento altamente emocional que el gobierno nacional quiso aprovechar desde un primer momento, empezando con el oneroso programa “Fútbol para todos”, siguiendo con el reparto de decodificadores de TV de alta definición, y luego asociándose al esperado comportamiento exitoso de la selección nacional en Sudáfrica.</p>
<p>La selección tropezó antes de lo previsto, y no era cosa de quedar asociado a la derrota. De manera que se optó por reforzar la bienvenida espontánea al equipo vuelto a casa, invitarlo a visitar la Casa de Gobierno, y abogar por la permanencia de Diego Maradona al frente de la escuadra, creyendo captar así el temperamento social.</p>
<p>Debemos decir que hasta ahora esta estrategia no ha dado mayores resultados: la maltrecha formación argentina sabe que carga con un fracaso, y parece tener la dignidad o el pudor suficiente como para declinar ser recibida en triunfo por la presidente. Y el humor popular, según algunas encuestas informales, no parece muy favorable a la continuidad de Maradona.</p>
<p>Las remuneraciones de los jubilados han quedado más golpeadas que la selección. Pero el cuatro a cero no tiene aquí su origen en la contundencia del juego alemán sino en la vigorosa inflación local, que reduce a cenizas los módicos aumentos semestrales dispuestos por el gobierno. Y las emociones entre los de pelo blanco se venían caldeando pese al invierno.</p>
<p>A alguien se le ocurrió entonces que había que asegurar para las jubilaciones mínimas –que cubren el 70 por ciento de la población en retiro&#8211; por lo menos el legendario 82 por ciento del salario mínimo. Y la oposición hizo suya la idea, sin preocuparse demasiado por su factibilidad financiera pero teniendo muy en cuenta su elevado impacto emocional.</p>
<p>No se crea que la oposición pierde el sueño por la situación de los viejitos: sabe muy bien que ese proyecto es inviable porque no puede sustentarse en el tiempo sin aumentar la carga impositiva sobre la sociedad en su conjunto: hay ahora 1,7 trabajador activo por cada jubilado cuando la proporción debería ser más del doble para asegurar el funcionamiento del sistema.</p>
<p>Pero para los opositores, invocar la causa de los jubilados sólo puede acarrearle réditos a ellos y perjuicios al gobierno. Si su proyecto resulta aprobado, dejarán al oficialismo sin la cajita feliz de la ANSES con vistas a las elecciones del 2011 y recibirán el agradecimiento eterno de los jubilados. Si el gobierno lo frena, aparecerá ante el público como el verdugo de la tercera edad.</p>
<p>En realidad, ni a la oposición le importa seriamente la situación del sistema de jubilaciones y pensiones, ni al gobierno le interesa seriamente el fútbol, la selección o su entrenador (aunque sí un negocio de apuestas deportivas que anda en danza por ahí) como tampoco le quita el sueño el romántico asunto de la legalización de las bodas homosexuales.</p>
<p>Pero en cuanto advirtió que este tema encendía las emociones y energizaba a la sociedad, buscó la manera aprovechar ese flujo para recargar sus mortecinas baterías. Y de una actitud relativamente indiferente, que dejaba a los legisladores del Frente para la Victoria en libertad de votar como quisieran, pasó a la militancia declarada a favor del activismo homosexual.</p>
<p>Y así como la presidente Cristina Fernández se ofreció como madrina comprensiva de quienes perdieron tan dolorosamente el invicto en su breve pasaje por el torneo sudafricano, su esposo, el ex mandatario Néstor Kirchner se postuló como padrino protector de quienes… bueno, ustedes me entienden.</p>
<p>Como la oposición con los jubilados, el kirchnerismo vio en este caso la posibilidad de hacer carambola. Si el proyecto de matrimonio homosexual resulta aprobado, le habrá cobrado a la Iglesia Católica el precio de los urticantes documentos con que los obispos de vez en cuando suelen desmentir la versión rosada de la realidad que propala el multimedios oficialista.</p>
<p>También se habrá anotado un necesitado triunfo en el Congreso, donde la oposición parece haber encontrado finalmente la manera de hacer sentir el resultado de las elecciones de junio del año pasado, y le habrá hecho un grato presente a la feligresía progresista, que tanto ha hecho y hace por el bienestar de la familia reinante y sus cortesanos.</p>
<p>Y aun si el proyecto fracasa –como el resultado de la votación en la comisión de legislación general del Senado hace temer&#8211;, el gobierno igualmente podrá rezar a sus opositores el rosario de oraciones descalificadoras que el progresismo suele dedicar a quienes se atreven a contrariar los dictados de su pensamiento único.</p>
<p>Oficialistas y opositores rivalizan a la vista de todos en el juego de la manipulación de las emociones porque, como se dijo al principio, no tienen gran cosa que ofrecer a la ciudadanía. Pero en un segundo plano libran una guerra más despiadada, que gira en torno de la palabra Venezuela, y que resulta mucho menos clara y comprensible para la opinión pública.</p>
<p>En esa contienda casi velada, la oposición va tendiendo lenta pero inexorablemente las redes que espera le permitan más allá del 2011 atrapar y poner entre rejas a las principales figuras del elenco gobernante. El oficialismo, como es lógico, lucha por declinar cualquier invitación a vestir el traje a rayas, aunque tenga etiquetas de diseñador. Ahora, esto sí es emocionante.</p>
<p><em>&#8211;Santiago González</em></p>
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